Colombia

Radamel Falcao: “Hay que aceptar que aún no estoy bien”

Conmueve al anunciar que no va al Mundial. La voz se quebraba incluso a los periodistas que hacían preguntas. En Twitter: “Solo puedo sonreír por haberlo intentado hasta el final”.

0

Falcao se lo pierde. Como la Liga del Atlético, como la final de Champions. También el Mundial. Toda la velocidad desplegada, tanto esfuerzo, el trabajo constante e innegociable por recuperarse no han servido para nada. La rodilla, la ciencia, no concedió un centímetro al milagro. Una rotura del ligamento cruzado anterior de la pierna izquierda tarda en curarse no menos de seis meses. Y el colombiano se la hizo trizas el 22 de enero, en esa acción aparentemente intrascendente con Ertek (que recibió amenazas de muerte tras el azaroso lance) que tantas veces se le ha reproducido en la mente. En qué hora decidió obedecer a su agente, abandonar la felicidad y los títulos y aterrizar en ese oasis de dinero que degeneró en espejismo, que resume su actual fatalidad. Mónaco no fue Madrid.

“Hay que ser sensato y aceptar que todavía no estoy”, dijo tratando de aparentar frialdad quien apenas podía contener las lágrimas por la emoción verdadera. La conferencia de prensa en la que sentado inmediatamente a la izquierda de Pekerman, y un poco más allá de Muriel y Perea, que también contaban su particular drama en el acto, fue una canto a la tristeza. Daban ganas de llorar o de abrazarse a los desolados protagonistas. La voz se le quebraba incluso a los preguntadores. A Colombia se le partió el corazón.

Por más que luego a través de su twitter Falcao tratara de mostrar entereza. “Hoy solo puedo sonreír por haberlo intentando hasta el final”, le dijo a sus casi cinco millones de seguidores, estaba roto por dentro, como todo el país. Atrás quedaron las emocionantes y extremas muestras de cariño y solidaridad que recibió el jugador durante su convalecencia. La cruda realidad retorció finalmente la ilusión de Falcao y sus compatriotas. Brasil 2014 se queda sin una de sus más luminosas luces, la del mejor delantero centro del planeta.

Hace un año lo tenía todo. La Copa del Rey tan sólo un curso después de golear al Chelsea en la Supercopa de Europa y al Athletic en la final de la Europa League. La felicidad. Nada fue igual desde que dobló la rojiblanca. Se perdió mucho. Se perdió todo. El Mundial que le correspondía le tocará verlo al otro lado del televisor.