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Una fuerza superior a la del fútbol y el balón

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Una fuerza superior a la del fútbol y el balón

Una fuerza superior a la del fútbol y el balón

En la historia del deporte rey aparecen varios ejemplos de jugadores que sintieron tan fuerte la llamada de un ser superior que dejaron el deporte para ser sacerdotes.

En el imaginario colectivo de la sociedad actual se suele colocar a los futbolistas como seres pertenecientes a un star system vertebrado por el lujo, el dinero y la comodidad. Se les tiene bastante alejados de una idea de sensibilidad con los temas que preocupan a la mayoría de la población. No se inmiscuyen en cuestiones políticas. Las rehúyen. Tampoco en la religión, aunque en la historia de este deporte hay varios casos de jugadores a los que la luz cegadora del balón les abandonó para dejar paso a otro tipo de fe: la de la iglesia.

El culto a un Dios venerado es tan importante en algunos deportistas que deciden compartir los momentos más brillantes de su carrera deportiva con aquellos que son objeto de sus oraciones.

El último caso más sonado es el de Falcao, quien se declara cristiano evangélico. Tigre implacable en los dos últimos títulos colchoneros, tras marcar dos goles al Athletic, en la final de la Europa League, y tres al Chelsea, en la Supercopa de Europa, mostró en ambas una camiseta interior en la que llevaba escrito los siguientes mensajes: “Believe. And you’ll see the Glory of God” y “Jesús loves you” (“Cree y verás la gloria de Dios” y “Jesús Te Ama”).

Rooney es otro futbolista reconocido en todo el planeta. Sin embargo, pocos saben que la estrella inglesa pudo haber antepuesto la Biblia al balón en un momento de su vida. El propio jugador fue cazado, en 2011, entrenándose con un rosario: Lo llevo puesto desde hace cuatro años. Obviamente, no lo puedo usar durante los partidos. Es mi religión. Según el Sunday Times, durante la grabación de una serie en la que colaboró, Rooney reconoció que, debido a lo mucho que disfrutó en la educación religiosa que recibió durante su infancia, “podría haber sido sacerdote”. Años más tarde, cuando el jugador contrajo matrimonio en Italia, ¿cuál fue el regalo de boda del delantero del United a sus invitados? Efectivamente, un rosario.

Hay casos mucho más extremos en el mundo del fútbol. Los de aquellos que deciden sustituir las botas de tacos por la sotana. Algunos, de manera repentina, y otros, al finalizar su carrera deportiva. Es el caso de Zé Roberto, exfutbolista del Real Madrid, Bayern Múnich o Bayern Leverkusen, y quien en su etapa en el Hamburgo reconoció haber recibido la llamada de Dios.

Siento la necesidad de apoyar a la gente. Lo que me pasó en mi carrera no es un accidente. Dios me dio una oportunidad”. Así, cuando el fútbol ocupe una parte pretérita de su vida, el futbolista brasileño dará continuidad a los proyectos que ya inició como jugador: alternaba su vida de deportista con actividades como ir a la iglesia todas las semanas o, en algún equipo, llegar a formar un grupo de estudio de la Biblia junto a compañeros.

Zé Roberto forma parte, junto a otros jugadores y exfutbolistas brasileños como Jorginho, Silvinho, Edmilson, Taffarel, Lucio, Edmilson, Bebeto o Kaká, de los llamados ‘Atletas de Cristo’.

El ex jugador del Real Madrid se convirtió cuando se salvó de un accidente, en el trampolín de una piscina, de haberse quedado en silla de ruedas. Fundada por el exatlético Baltazar (como medida para paliar el pecado que suponía jugar en domingo), los ‘Atletas de Cristo’ buscan proclamar su evangelio y que el deportista sea un discípulo que obedece las órdenes de su ser superior. Tan convencidos están de lo que hacen que Zé María declaró que la clave del decisivo penalti del Mundial del 94 que falló Roberto Baggio estuvo en la religión: “Baggio es budista y Taffarel un Atleta de Cristo. Esa es la demostración de que estamos en la parte buena”.

El fervor religioso suele ahondar más profundamente en los futbolistas sudamericanos. Pero en Europa también han existido casos sonados.

Tras compartir vestuarios con figuras de la clase de Giggs o Beckham, madurar deportivamente en uno de los mejores equipos del mundo, que el Norwich pague medio millón de libras por ti y hasta disfrutar de los placeres de una relación con la despampanante modelo Nicola Champman, el exfutbolista Phil Mulryne abandonó, tras un accidente en 2008, el mundo del balompié para entregarse de brazos abiertos al estudio pormenorizado del sacerdocio. De bregar en el terreno de juego desde su posición de mediocentro a acudir de manera frecuente al Pontificio Colegio Irlandés de Roma. Un cambio radical que la madre de Mulryne, en la prensa británica, explicó que respondió a “una decisión madurada y muy importante de su hijo”.

El exjugador red devil, tras sufrir el accidente, se apoyó mucho en su amistad con Neol Treanos, obispo de la diócesis de Down y Connor. Y así, en Irlanda del Norte, el que un día fue un indisciplinado futbolista, que se escapaba de las concentraciones de su selección para beber cerveza, pasó a soñar y estudiar con ser cura.

A Carlos Roa, aquel meta que defendió la portería en una de las épocas más brillantes del Mallorca, a finales del siglo pasado, la religión le cercenó una exitosa trayectoria deportiva. Sus creencias le llevaron a adoptar una serie de decisiones que provocaron que se escapara el tren del Manchester United y tuviera que acabar jugando en el Albacete.

El argentino había marcado una raya en su trayectoria: los 29 años. A esa edad su carrera futbolística tenía que tocar a su fin. Y lo cumplió. El fútbol español perdía a uno de los porteros que figuran en la lista del Zamora de la Liga, capaz de llevar al club bermellón a finales de Copa y de Recopa, o atajar con orgullo el penalti con el que Argentina eliminó a su enemiga Inglaterra en el Mundial de 1998. ‘Lechuga’, como lo apodaban, dejaba el Mallorca tras ser uno de los mejores guardametas de su historia. La Iglesia Adventista del Séptimo Día, por su parte, ganaba un nuevo sacerdote.

Quizá vengativo por aquella decisión, cuando Roa quiso regresar al fútbol de elite (bajo condición de que no jugaría partidos los sábados, día de descanso y oración Adventista), éste no le permitió regresar al excelso nivel que un día tuvo. Disputó sus últimos minutos como guardameta del Albacete y del Olimpo de Bahía Blanca, en Argentina. Así se escribió la historia de un cancerbero que separaba con un punto el 1 y el 3 de su dorsal, porque eran los números que representaban a Jesús y a la Santísima Trinidad.

Otro ejemplo de futbolista que siente tan fuer te la llamada de una deidad es el de Chase Hilgenbrinck, a quien no le importó ser el capitán y tener contrato en vigor con New England, para asegurar a su club que quería dejar el equipo para convertirse en sacerdote de la Iglesia Católica, previo paso seis años por el seminario. Pese a ser un reclamo para la parte femenina de su afición, él prefería realizar constantes visitas a la Iglesia para saciar su fe.

Sentí la llamada de algo más grande. Pensé que mi destino era ser jugador de fútbol, pero he descubierto que tengo hambre de algo más. Me cambio al Señor, quiero ponerme a su mando y hacer lo que él quiera para mí”, explicó en enero de 2011 el entonces futbolista de 28 años, en plena madurez deportiva.

Si extraños, por anómalos, resultan estos casos, todavía lo es más si el camino por el que se transita es el inverso: primero eres sacerdote y, después, te conviertes en futbolista. Eso es lo que le sucedió a Juan Manuel Bazurco, sacerdote español que se marchó a Ecuador a evangelizar y acabó jugando de manera profesional. En el País Vasco ya se conocían sus cualidades, donde jugaba en Tercera División. En Ecuador continuó con su pasión futbolística e ingresó en el equipo amateur San Camilo.

Sus cualidades llegaron a los oídos de Liga de Portoviejo (Serie A), quienes le hicieron una oferta que Bazurco sólo pudo aceptar cuando recibió luz verde de las autoridades eclesiásticas pertinentes. Continuó creciendo tanto que lo fichó el Barcelona de Guayaquil, con el que incluso llegó a marcar, en Copa Libertadores, a Estudiantes de La Plata. Fue una diana tan importante que es conocida como ‘La Hazaña de la Plata’, ya que cortó un récord del equipo argentino. Ahí alcanzó la cima y entonces desandó el camino. Regresó a su primer equipo para colgar las botas después y entregarse en cuerpo y alma a ser sacerdote.

Quizá el mundo de la religión, los curas y el fútbol no esté tan distante. Así lo entiende Alex Ferguson, quien, en el verano de 2011, decidió incorporar a su staff a un sacerdote. Fue su medida ante los escándalos sexuales o de infidelidades extramatrimoniales con los que Rooney o Giggs habían alimentado los tabloides británicos. “Mi tarea es prepararlos para la vida adulta, explicándoles conceptos como la amistad, el sexo, las novatadas, el racismo y el luto”. ¿Veremos algún día más o menos lejano a sacerdotes en los banquillos?

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