Empate insuficiente para Osasuna y Real Sociedad
El empate deja a los navarros en descenso. Chori Castro adelantó a la Real e igualó Oriol Riera. Al final, Bravo salvó a los donostiarras de la derrota.


Osasuna y Real Sociedad empataron en un encuentro que dejó insatisfechos a ambos, pues el punto no sirve en exceso a ninguno en sus particulares desafíos para lo que queda de temporada. Empezó más enchufada la Real y en concreto Carlos Vela, capaz de proteger la pelota y conducir con ella sin que sea posible arrebatársela. En el primer aviso lanzó cruzado por poco; en el siguiente, le regaló el gol en bandeja al Chory Castro, que cada vez que juega lo aprovecha para tener incidencia en el juego ofensivo de su equipo.
Fue muy destacable también en el gol el error de cálculo de Loties y de toda la línea de atrás de Osasuna. Cualquier parecido de los centrales actuales con los que siempre tuvo este equipo es fruto de la casualidad. Pero no sólo ese es el problema. A la alarmante falta de intensidad –algo impensable teniendo en cuenta lo que siempre fue Osasuna- también se suma últimamente la de fútbol. No hubo rastro de ninguna acción combinativa en el centro del campo rojillo, estorbado, por si fuera poco, por la triple presencia de los mediocentros realistas: Markel, Elustondo y Zurutuza.
Sólo el juego a balón parado podía depararle éxitos y así fue, desde luego. Oriol Riera fue dominador absoluto en estos lances, en los que la Real es un equipo de mantequilla. Bravo vio cómo sus primeros intentos se marcharon fuera, pero fue el preludio de lo que después ocurriría. En vez de dominar con más fuerza e ir a por el segundo, los de Jagoba Arrasate recularon varios metros como acostumbran y lo acabaron pagando caro. Antes de tal desenlace, había tenido ocasiones que demostraban que hacía daño a Osasuna cada vez que atacaba. Zurutuza casi hizo bueno un saque de banda de De la Bella e Íñigo Martínez desde el centro del campo, cómo no, se topó con el larguero.
Pero ahí acabó la gasolina txuri-urdin, en reserva desde hace tiempo a nivel físico y mental. Tampoco ayuda su entrenador. Los mensajes que lanza desde el banquillo son de un conformismo que no entiende ni entenderá su afición. Esta vez sacó a Griezmann –inexplicable suplente- pero no dio ningún giro más a un partido que, de ganar, le hubiera acercado a la cuarta plaza. Mantuvo a dos de sus mediocentros defensivos todo el encuentro y bien pudo pagarlo, pues está científicamente demostrado que la Real no defiende mejor con ellos que con Rubén Pardo, sin minutos esta vez.
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Osasuna, mientras, seguía con sus problemas para encontrarse a sí mismo, pero al menos tenía los centros al área y las jugadas a balón parado como válvulas de escape. Roberto Torres pudo empatar en un tiro cruzado, pero fue Oriol Riera, que volvía a marcar casi dos meses después, quien igualó el choque en una falta lateral, por supuesto. Mikel González vio la jugada en primera fila y sin pagar entrada, pues ni saltó ni hizo ademán de intentarlo.
El empate era malo para ambos, pero no lo entendió así Jagoba Arrasate. Ni una sola decisión técnica con la que variar un contexto de partido que irremediablemente discurría hacia nervios y apuros en los minutos finales. Y así fue. Osasuna, que al menos sacó el coraje que se le había echado de menos el resto del partido, se lanzó a por la victoria en los últimos instantes. En realidad pudo encontrarla y hasta la mereció. Primero Lobato cruzó pero se topó con un defensa cuando la pelota iba a portería y después Silva en el último instante hizo lucirse a Bravo para desesperación de El Sadar y también de los aficionados realistas con su equipo. Ninguno dormirá tranquilo esta noche. La lucha sigue sin muchos motivos para el optimismo.



