El Valencia gana con Fuego
Dos goles del jugador asturiano permiten al equipo de Pizzi mantenerse en la pelea por los puestos que dan dereco a jugar en Europa la próxima temporada.


Fuego es un apellido que mola para un delantero, aunque está claro que Javi no lo es. Lleva años en el fútbol para saber que su fuerte es más bien hacer lo contrario. Destruir. Y lo hizo también. Pero hoy se calzó la bota de cazador. Decantó la balanza del derbi hacia el Valencia en un abrir y cerrar de ojos. En dos acciones tan diferentes como acertadas. Lo único similiar que tuvieron fue que el Villarreal defendió sendas faltas indirectas como si no le fuera la Champions en este partido. Sin mordiente. Y lo pagó caro.
En una, en la primera, el balón cayó muerto a los pies de Fuego en la frontal del área y el asturiano de disparo seco y cruzado. Dejó plantado a Asenjo y en pie a Mestalla. Por su forma de celebrarlo uno se podía percatar que hacía tiempo que no ensayaba bailecito alguno. De hecho le salió mejor la celebración tras anotar su segundo. Uno más y hace hasta la voltereta. El segundo lo logró en plan ariete oportunista, a lo cazagoles, a un metro de la línea de gol tras remate al palo de Mathieu. No estaba en fuera de juego, por cierto. Le habilitaban Asenjo y Bruno. Hasta en eso falló la zaga amarilla.
Los dos goles de Fuego premiaban la voluntad blanquinegra, aunque quizás el segundo castigaba en exceso el hasta entonces control de la situación que tenían los amarillos. Porque el Valencia saltó a Mestalla con ganas, más que su rival, aunque ladraba más que mordía. Fede fue el primer de todos en enchufarse y durante diez minutos llevó locos a Costa y Musacchio. Si este chico progresa adecuadamente dentro y fuera del campo, el Valencia tiene un diamante y con prácticamente una temporada completa de experiencia en Primera. De Fede fue el primer disparo cruzado y también la acción más polémica. No hubo penalti sobre el argentino porque la patada se cometió fuera del área, aunque ni falta pitó Pérez Montero, un colegiado que no estuvo mal, aunque quizás demasiado permisivo, lo que fue subiendo el tono de patadas y de tensiones.
El Villarreal, por su parte, con empate a cero, jugó con el reloj más que con el balón. Los de Marcelino esperaban dar el golpe en algún contragolpe. Óliver apunta maneras y si le dejan un año más en El Madrigal seguro que aprende el oficio. Gio simplemente es bueno y aunque ahora no está del todo dulce cuando cogía la pelota se notaba. Y Cani bastante tenía con no arrugarse ante Joao Pereira, en un sinfín de rifirrafes entre el aragonés y el portugués de los que ves uno por la calle y dices: “estos dos, se pegan”.
Pero, volviendo al juego, a la hora de inquietar de veras a Alves o a Guaita prácticamente todos los amarillos estuvieron como Uche: nulos. De hecho, más allá de los goles de Javi Fuego, las mejores ocasiones fueron un mano a mano de Barragán con Asenjo en el que el portero sacó su puño de la nada y un disparo a bocajarro de Keita que colisionó con el travesaño.
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Pizzi tuvo que ir introduciendo cambios al son que le marcaban las lesiones. Primero la de Alves y después la de Víctor Ruiz. Marcelino hizo los suyos buscando meterse en el partido. El Villarreal finalmente lo hizo, aunque por demérito del Valencia. Error de Joao Pereira dando un pase hacia el centro del área sin mirar muy bien a su compañero y Uche que no perdonó. Al Valencia no solo se le quitaba de un plumazo cualquier pensamiento de ir a por el gol average particular (4-1 en la ida) sino que se pasó los últimos minutos diciendo aquello de “Virgencita, virgencia que me que de como estoy”. Y su plegaria fue escuchada.
El Valencia que se coloca a seis puntos del Villarreal, séptimo y último que se colocará en Europa. El Submarino, por su parte, dijo en Mestalla adiós a sus opciones de dar caza al Athletic de Bilbao, porque diez puntos a estas alturas son muchos puntos. Y más para un equipo que está dando síntomas de flaqueza en las últimas semanas.



