El Sevilla enlaza cinco triunfos y hace picadillo a Osasuna
Jairo y Bacca de penalti firman el triunfo de los de Emery que perdonó una goleada. Osasuna, sin aire ni ideas, en situación crítica. Acuña hizo el gol del honor en el 93'.


Está el Sevilla subido en la ola buena. Y va como un avión, cinco victorias consecutivas en Liga, hacia Europa o donde sea. Todo lo contrario que Osasuna, un tren descarrilado por la vía equivocada. En serio riesgo de accidente grave. Amaneció nevando en Pamplona e imaginó Osasuna uno de esos partidos épicos de los últimos años, donde le había remontado por dos veces al Sevilla en El Sadar. Pero la gasolina se le está acabando a los rojillos y es tan evidente que hasta su gente, de las más leal, se ha percatado. A Osasuna le han puesto los grilletes y entre los nervios, los pitos y los kilómetros en las piernas, lo suyo es un drama por más que el gol de Acuña en el 93' decorase un marcador mentiroso.
El Sevlla está exuberante. Es un equipo joven, tiene vigor y los resultados van a ayudar a que Emery haga sentirse partícipe a todo el grupo de los buenos resultados. En la matinal de Pamplona, Unai optó por rotar. Alberto Moreno, Gameiro, Marin y, por encima de todos, Rakitic se quedaron en el banquillo como Reyes se había quedado en Sevilla. Los héroes del derbi, a descansar. La segunda unidad, reforzada por un titularísimo como Bacca que está a un nivel estelar, también respondió. El colombiano descubrió pronto las grietas que se abrían entre Loties y Arribas y se dedicó a dejar vías de escape a sus compañeros. Vitolo llevó con maestría un contragolpe y Jairo, desaparecido durante meses y al que la acumulación de partidos que se anuncia el Sevilla ha vuelto a abrirle la puerta, hizo el 0-1 con una buena maniobra facilitada por un inteligente movimiento sin balón de Trochowski (otro de los beneficiados por las rotaciones). Tanto tiempo había estado perdido Jairo que su último gol había sido contra Osasuna en la primera vuelta. Significativo. Pero ese chico promete.
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El 0-1 terminó de desangrar a Osasuna, que se supo incapaz de superar esa losa. Bien asentado por el doble pivote Iborra-Mbia (el regreso del camerunés resulta fundamental para el equilibrio táctico sevillista), el Sevilla liquidó rápido el partido en una jugada surrealista. Primero, por el gol que falló Jairo. Y luego, por el penalti por mano de Damiá que señaló Álvarez Izquierdo. El lateral criado en el Barça había sido empujado por Vitolo. Bacca hizo el 0-2, pero pudieron ser más porque el Sevilla desprende un fulgor especial. En Pamplona hubo ratos en los que pareció volar. Jugó a doble velocidad que Osasuna y ni siquiera se preocupó por la ausencia de Beto. El portero se quedó en el vestuario al descanso con problemas en la espalda y le tocó jugar a Varas. Javi, buen portero y buen sevillista de Pino Montano, cumplió en días difíciles después de perder la titularidad en la Europa League. Merecía estas buenas horas.
El segundo tiempo fue un drama para Osasuna. Destrozado, con los jugadores por cualquier parte y casi pidiendo la hora desde la reanudación, tuvo que dar gracias por la falta de acierto del Sevilla. Jairo, Bacca, Mbio o el mismo Gameiro pudieron hacer mas sangre. El panorama de Osasuna pinta agónico. Ya tenía poco fútbol. Lo peor es que ahora no tiene orden, ha perdido las piernas y también la fe, todas las condiciones exigidas para seguir en Primera. Su frustración choca con los momentos de felicidad del Sevilla, que hubiera firmado jugar cuatro horas más en El Sadar. Lejos de mostrar síntomas de cansancio, sus futbolistas se explayaron. Les faltaba hierba para comerse. Es el Sevilla un equipo joven. Aún en formación, pero con buenos futbolistas y con hombre. También todas las condiciones exigidas para alcanzar la gloria.



