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Mucha España y poco gol

ATLAS

ESPAÑA 1 - ITALIA 0

Mucha España y poco gol

La Selección sometió a Italia con su fútbol combinativo pero sólo pudo mandarla a la lona cuando entró Silva. Pedro firmó el gol y un gran choque. El equipo no encontró a Diego Costa.

Madrid

España va bien, pero convendrá insistir en que la tenencia lícita y abrumadora de la pelota merece otra final. Y es que aunque Diego Costa no es un rapero en el Bolshoi, el papel del nueve de España es ingrato y necesita práctica. No se supo hacer ver. Con todo, la Selección zarandeó a ratos a Italia, tetracampeona mundial, con la suficiencia de los últimos tiempos. Y acabaron por sacarla del partido Silva, cuyo ingreso fue una bendición, y Pedro, que en la Selección se otorga la jerarquía que el falta en el Barça.

Italia viste con la elegancia que siempre asombró al mundo (femenino especialmente) y ofrece una estampa imperial cantando el himno. En el resto de maniobras que tienen lugar sobre un campo de fútbol es infinitamente peor que España. Sin Balotelli, delantero de muchos excesos y pocos defectos, y sin Pirlo, el faro eterno, de salida, se vio atrapado en el catenaccio de su Edad Media por necesidad, que no por vocación. Prandelli se temía el asedio desde que se pactó el partido pero evitó un mal mayor.

Entre un remate al palo de Cerci (minuto 3) que buscaba otra cosa (el centro) y otro con más intención y menos puntería de Osvaldo (minuto 28) no hubo respiro para la azzurra, zarandeada por ese fútbol envolvente de España en el que caben todos. Los que estaban y los que llegan. La Selección, con un solo mediocentro, Busquets primero y Xabi Alonso después, buscó por dentro y por fuera; Iniesta (siempre Iniesta) y Cesc pisaron los medios y las tablas; Thiago probó que es un jugador más cocinado tácticamente, con más trabajo y el arte de siempre, aunque es una incógnita si de ahí saldrá un verdadero organizador; Pedro tuvo las burbujas que lucen aún más con España que con el Barça y dejó una impresión excelente.

Pero el gol tardó en aparecer. También Diego Costa. El papel del nueve de la Roja (negra anoche) guarda cierta similitud con el del portero de un grande: casi todo se cuece sin él pero se le exige máxima atención en el segundo de la verdad. Cuesta tener el dedo en el gatillo cuando la presa aparece tan de tarde en tarde. Tendrá que acostumbrarse y le resultará tan difícil como a quienes le antecedieron. Del Bosque le dio los 90 minutos para que ejercite la paciencia

En el periodo de máxima iluminación España se dejó ir tres ocasiones, una de Pedro y dos de Cesc, no demasiado clamorosas. Por ahí es preciso indagar. La eficacia anotadora ha ido cayendo lenta pero preocupantemente en la era Del Bosque y es demostrable aritméticamente. Tanto amagar y no dar hizo que la Selección perdiera la fe por momentos. Una fe que le devolvió Silva, la segunda batidora del partido. Entró por Cesc y fue un torbellino. Puso a Thiago frente a Buffon, que supo amurallarse, firmó dos disparos e inició el gol de Pedro, que se topó con un balón perdido en el área tras taconazo de Iniesta. Con Silva pasó España de la hora valle a la hora punta.

Atrás se sacaron pocas conclusiones. El porvenir de Javi Martínez está en la zaga pero habrá que verle con caza mayor. Y Azpilicueta, sin equivocaciones, tiene menos recorrido que Jordi Alba, cuya agitación ofensiva es permanente. Por ahí no se intuye inquietud pero de pólvora no andamos sobrados.

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