Guillén y el Betis explotan: “Estamos siendo apaleados”
Dos penaltis no señalados, una falta fuera del área convertida en penalti en contra y dos rojas colman la paciencia de un Betis al que Gil Manzano pegó un empujón hacia Segunda.


Indignación, impotencia, conspiración. Eran las palabras más repetidas ayer en la conciencia individual y colectiva del beticismo, desde los bares de Triana hasta la planta noble del Villamarín. El nefasto arbitraje de Gil Manzano no ha hecho sino aumentar un profundo sentimiento de maltrato por las principales instituciones futbolísticas, españolas y europeas. Horas después de que el árbitro extremeño le pegara el último y casi definitivo empujón hacia Segunda, el Betis enviaba una carta a Javier Tebas, presidente de la LFP, para informar de que no mandará representación a la Asamblea que la Liga celebra este martes en Valencia. El motivo: protestar por el cambio de hora en el Villarreal-Betis del próximo domingo (12:00), que obligará a los verdiblancos a un desgaste brutal por tener que disputar Europa League el jueves, con un largo viaje a Rusia incluido.
Tebas desoyó la petición bética de mantener el horario inicial (21:00) igual que la Federación Española presidida por Villar había hecho caso omiso, o al menos no había intercedido para que, tal y como le solicitaron los verdiblancos, la UEFA no permitiese jugar la vuelta europea ante el Rubin sobre un campo de césped artificial. En la ida del pasado jueves, por cierto, el belga Serge Gumienny convertía en penalti contra el Betis otra falta que había sido fuera del área. Es la magia de Heliópolis: en tres días, dos penaltis inventados.
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Del estado de irritación verdiblanca habla mucho que un hombre discreto como su presidente, Miguel Guillén, no pudiese tragarse la ira. Ni en caliente ni tampoco en frío. Minutos después de que Gil Manzano le sisase dos penaltis al Betis, señalara en contra uno que había sido fuera del área, y lo adobase con dos rojas a dos béticos, Guillén mantenía con el árbitro un encuentro fugaz en la salida de los vestuarios del Villamarín: “Estáis ninguneando al Betis y su afición”, acertó a gritarle al trencilla. Horas más tarde, en El Larguero, el presidente ratificaba su rabia: “A Gil Manzano le he dicho, con educación, lo que vimos todos. No sólo los béticos, sino el resto de España por televisión. No comprendemos que un equipo de árbitros se equivoque siempre en el mismo sentido. Ni tampoco entiendo que además de apaleados tengamos que estar callados”.
Con Gil Manzano hay resquemor desde la primera jornada de Liga, en el Bernabéu, donde el Betis reclamó una mano fuera del área de Diego López (habría supuesto la expulsión del portero) y un posible penalti de Carvajal a Cedrick. Fue sólo el primero de otra temporada de enfados arbitrales de los verdiblancos, a los que la Liga de Urízar, en la que tendría siete puntos más, vuelve a situar como diana de equivocaciones para muchos colegiados.



