La entrevista | Raphael

"Ahora ya se puede decir que el Atlético juega de Es-cán-da-lo"

Del anuncio de la Lotería, pocas palabras. Despliega la emoción por el gran viaje que ha sido su vida. Y confiesa su madridismo, y su admiración por el Atlético de Madrid.

¿Qué impresión le ha causado la enorme trascendencia que ha tenido el anuncio de la Lotería de Navidad?

—Ninguna, uno debe estar preparado para las cosas que gusten y para las que no. De todas formas, yo en ese anuncio fui un mandado. Nos hicieron estar ante las cámaras a las tres de la madrugada, en Pedraza, con un frío terrible. Estábamos morados de congelación.

—¿Y eso influyó mucho en el resultado final?

—Mejor que lo cuente el director o el productor, no es algo que sea mi responsabilidad. Yo no veo lo que los demás veis.

—¿Y qué ve usted?

—Nada, mucha vela (ríe).

—¿Qué le han parecido todas las bromas que se han hecho en las redes sociales acerca del anuncio?

—Pues muy bien porque yo las habría hecho igual. Además, yo he sido el artista más parodiado del mundo desde el inicio de mi carrera. Tengo una manera de interpretar bastante singular, como todo el mundo sabe. No soy alguien que se agarra al micrófono y se queda ahí pegado buscando la salvación.

—Publica ahora ‘50 éxitos de mi vida. Mi gran noche’ ¿Qué significa que ‘El tamborilero’ siga vivo 50 años después?

—Lo he vuelto a grabar hace un mes. Fue el primer éxito que tuve en mi carrera y ahora la estoy regrabando toda. Me complace mucho que El tamborilero siga siendo un éxito 50 años después.

—Esa canción la han interpretado Frank Sinatra, David Bowie y Bob Dylan, ¿qué tiene este tema?

—Para mí, con Noche de paz, son las dos canciones más bonitas de la Navidad. El tamborilero es especial, después de 50 años no ha vuelto a salir nada igual.

—¿Cuántas veces se ha reinventado usted?

—Yo creo que cada dos años, porque hay que cambiar de piel, no de chaqueta, de piel. ¿Por qué los jóvenes van a verme? Porque yo estoy en su onda. La mitad del público que va a mis conciertos es menor de 30 años y no es algo que yo busque, sale por intuición.

—Hay un momento clave en su vida: la histórica noche del Santiago Bernabéu en su 25 aniversario como cantante.

—Histórica de verdad, con 100.000 personas en las gradas. El presidente, Ramón Mendoza, me dio la insignia de oro y brillantes del Madrid. Fue un momento emocionante teniendo en cuenta que mi padre era del Atlético. Con él iba de niño al Metropolitano, así que en mi casa se respiraban aires colchoneros. Pero al fallecer mi padre esa afición se fue diluyendo.

—¿Cómo se canta en el Bernabéu?

—El escenario impresiona. Esa noche estaba lleno a rebosar y me sentí muy bien.

—A Frank Sinatra no le fue tan bien en ese estadio.

—No me hables de eso. Fue un desastre. Ese concierto lo promoví yo con otros socios y asistieron unas 15.000 personas, la mayoría de la Base de Torrejón de Ardoz. Alguien pensó que Sinatra iba a arrasar y aquí todo el mundo pasó de él.

—También estuvo detrás del concierto de Los Beatles en Las Ventas.

—Y fue otro desastre, como promotor no tengo precio. A ese concierto no asistieron más de mil personas, esa es la verdad. También traje a Joe Frazier, excampeón del mundo de los pesados, y otra catástrofe. Y el gran batacazo fue con Sammy Davis Jr. El Teatro Monumental de Madrid estaba casi vacío y el hombre estuvo elegante y no cobro un duro.

—¿Con qué futbolistas ha tenido relación?

—Con muchos. Al Buitre le conocí personalmente cuando fue a jugar a México, al Puebla, gran tipo. Yo he tenido grandes amigos futbolistas a lo largo de mi vida. Recuerdo a Santamaría, un día, antes de un partido, le dije: “Mételes muchos goles”. Y él: “¡Pero si soy defensa!”. “Ah, bueno, pues que no te los metan”, le repliqué como pude. Gento también fue buen amigo, Zoco, Pirri…

—Años atrás había buena conexión entre futbolistas y artistas. Además, aquéllos no tenían el aura de estrellas que pasean ahora.

—Bueno, bueno, no creas, salir con Gento a la calle era un espectáculo, la estrella era él. El mundo del fútbol y de los artistas estaba muy unido. Ahora es más complicado, tengo buena relación con Iker Casillas.

—¿Y cómo ve su actual situación de suplente en la Liga y titular en Champions?

—Mal, yo estoy muy enfadado con eso. No lo entiendo, no sé explicar si se lo merece o no, pero a mí me gusta ver a Iker en la portería. Es como un seguro de vida.

—¿Cómo le afecta la coincidencia de un partido grande con una de sus actuaciones?

—Recuerdo una de las finales de la Eurocopa de selecciones. Todo mi equipo estaba bastante alterado e inquieto porque la función era a la hora del partido. Todo el teatro estaba vendido, no me iba a hacer daño el asunto pero todos estaban destrozados moralmente porque no iban a poder ver la final. Y como yo tengo bastante confianza con el público pensé una maldad que llevé a cabo. Cuando estaba todo el mundo sentado en sus butacas salí al escenario y les dije: “¿A ustedes les importa que esto empiece un poco más tarde? No saben el alegrón que les voy a dar a mi gente si pudieran ver el partido”.

—¿Y el público aceptó?

—¡Todos, muertos de risa, aceptaron! Algunos salieron a los bares a ver el partido y la mayoría se quedó en sus butacas. Y yo, de vez en cuando, salía al escenario a contarles cómo iba el partido. Y ahí volvió a entrarme el gusanillo del fútbol.

—Y se hizo del Madrid...

—Bueno, pongamos las cosas en su sitio, yo soy en primer lugar del Betis, sobre todo ahora que está pasando momentos difíciles y después soy del Real Madrid, pero no dejo de reconocer los grandes jugadores que tiene el Barça. Y el Atleti siempre me ha llamado la atención, y me alegro que ahora le vaya tan bien.

—¿Se puede decir que el Atleti ahora juega de ‘escándalo’?

—Ahora, con ese entrenador que tiene, juega de escándalo, sí (ríe). Esa canción, Es-cán-da-lo, se canta en muchos estadios de fútbol para bien o para mal. La machacan de lo lindo.

—Empieza a triunfar a principios de los 60, ¿con Franco se cantaba mejor?

—No, los que cantaban bien, cantaban bien con y sin él. Sí es verdad que se trabajaba mal, pero voy a decir algo, como no había de nada y todo era tan malo, no me refiero ahora a la política, muy malo en cuanto a medios técnicos, ahí empecé a construir mi personaje. A cantar sin micrófono, a pasearme como lo hago por el escenario. Adonde yo me escuchaba bien, ahí me dirigía y proyectaba mi voz sin micro.

—¿Y cómo les sentaba a los gobernantes de la época que usted triunfara con clamor en la Unión Soviética?

—No lo sé, porque nadie te comentaba esas cosas. Yo iba a Rusia legalmente, claro. Depositaba mi pasaporte en París y me daban otro, porque en el pasaporte ponía bien claro que se podía viajar a todo el mundo excepto a la URSS y países satélites. Y bueno, la diplomacia me solucionó el asunto. Fue muy curioso, Brezhnev, antiguo máximo dirigente soviético, era muy fan mío. Y ahora sigo yendo, he cantado en el Kremlin los tres últimos años.

—¿Cómo llevaba ese aluvión de fans y groupies que tenía y le iban a recibir al aeropuerto con pancartas y enardecidas?

—Como pude, era impresionante hasta que un año dije ¡basta! Porque había problemas de orden público y temía que a alguien le ocurriera algo y me lo cargaran a mí.

—¿Qué suceso extraordinario vivió en su camerino después de un concierto?

—Por mi camerino ha pasado todo el mundo, desde jefes de estado, ministros, embajadores… Quien más me asombró fue el Papa Juan Pablo II.

—No me diga que fue a su camerino.

—¡Nooo, yo fui al suyo! Tenía un carisma sensacional, y ahora estoy deseando conocer al Papa Francisco, que, además, es muy futbolero. Moveré mis influencias en Argentina.

—¿Cómo entrena Raphael?

—Yo no entreno nunca, ni tampoco ensayo, no me gusta. Cuando grabo lo hago con la letra delante, que es cuando me la estoy aprendiendo. Me aburre mucho ensayar. Caliento mi voz antes de salir a cantar, pero poco, porque soy de los que opinan que todo lo que haga en el camerino voy a dejar de hacerlo fuera.

—¿Y cómo mantiene esa buena forma física que luce?

—Ando mucho, me gusta hacerlo en la playa. Me encuentro muy bien ahora después del trasplante de hígado. Antes yo sudaba muchísimo, era terrible lo que pasaba durante los conciertos. Desde la operación no he vuelto a sudar.

—En 2003, el de la operación, le vio las orejas al lobo, ¿no?

—Sí, se las vi muy de cerca y no me gustó nada. Hay un antes y un después y ahora enfoco mi vida de otra manera. Ahora no me molestan nada tonterías que antes me afectaban más. Y una cosa muy importante, no he vuelto a probar ni una gota de vino, ni un cigarro por absoluto respeto y homenaje a los donantes de órganos.

—Los únicos que tienen discos de Uranio, más de 50 millones de copias vendidas en todo el mundo, son Michael Jackson, Queen, AC/DC y… Raphael. ¿No le impresiona?

—Pues no, para mí el reconocimiento son las tres horas que estoy delante del público en un escenario. Lo demás, los premios, bueno, sí, inundé mi casa de ellos hasta que hubo que parar. De lo que sí me siento muy orgulloso es del Museo de Raphael en Linares, mi pueblo.

—¿Se plantea ‘colgar’ pronto el micrófono?

—Hay oficios que precisan de una jubilación anticipada, si es posible, como el de minero, albañil, oficios que exigen mucha dureza. Otros, más de esfuerzo intelectual, no deberían tener edad de jubilación porque cuanto mayor eres, más sabes y puedes guiar a la juventud mucho mejor. En mi caso, existiré hasta que el público quiera, o hasta que yo lo decida. Un artista que nace artista muere artista. El día que yo vea que no puedo con el Miura que me echan todas las tardes me iré de vacaciones largas.