VILLARREAL 1 - MÁLAGA 1

Weligton alivia a Schuster en el 93' tras un córner que no era

Bruno abrió el marcador tras un jugadón colectivo del Villarreal, pero el central puso las tablas con un cabezazo en un córner precedido de un balón que echó fuera Camacho.

Weligton alivia a Schuster en el 93' tras un córner que no era
Alfredo Matilla
Redactor Jefe
Nacido en Alcázar de San Juan (Ciudad Real, 1982), es redactor jefe. Licenciado en Periodismo, entró en AS en 2005, donde pasó por la sección del Madrid, fue Delegado en Cantabria (2008-2012) y jefe de sección de AS.com (2012-2022). Tras su paso por Relevo, regresó a casa en 2026. Es Máster en Psicología Deportiva y autor del libro 'Por si acaso'.
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Weligton castigó a un Villarreal menor en la última jugada y alivia los síntomas de agotamiento del proyecto Schuster, que pasa de estar suspendido en el alambre a deberle la vida a su defensa. El cabezazo del brasileño en un córner que no fue (era fuera de Camacho) no supone el adiós a los problemas del Málaga, evidentes y numerosos, pero al menos le otorga tranquilidad. Este empate sabe a gloria tras llevar una victoria en los últimos nueve partidos y no ser capaz de ganar fuera de casa desde marzo. El Villarreal tuvo en su mano sentenciar a su rival tras el gol inicial de Bruno con varias ocasiones desperdiciadas. Se confió, bajó el ritmo que le ha dado la gloria y lo pagó de la manera más dolorosa: sin tiempo para reaccionar.

El inicio ya mostró los peores 20 minutos de la temporada del Villarreal. Novedad que logró corregir sobre la marcha y que volvió a reproducir cuando el marcador le sonreía. Descolocado como no acostumbra, con las líneas separadas, sin balón ni presión. El Málaga lo aprovechó para plantarse con facilidad en el área. Fruto de ese descaro, hasta pudo gozar de un penalti no señalado de Jaume Costa a Eliseu. Tan claro como el fuera de juego que le precedía. El equipo de Schuster no tiraba, pero sus sensaciones eran buenas. Hasta que Marcelino reorganizó el caos, agrupó al equipo, cerró a sus bandas y escalonó a sus mediocentros. Con la vuelta a la normalidad, Bruno entró en escena para recordarle a Del Bosque que no dejará de mejorar hasta que lo llame. Desde ese momento, y con el Málaga confuso por la lesión de Samu y la fría entrada de Fabrice, el Villarreal mandó, desbordó como suele y conoció por fin a Willy. Sobre todo Uche, que gozó de dos ocasiones inmejorables (23’ y 25’). Luego, reparamos en que fue simplemente una reacción fantasma.

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En esos instantes de furia amarilla, el Málaga no daba abasto para protegerse. Quería salir como al principio sin saber. Le falta la calidad de antaño y esa fe evaporada. El gol del Villarreal era cuestión de tiempo. Llegó en el 32’ tras un robo de Jaume Costa en una iniciación de Camacho y Tissone. El lateral, una moto andante, asistió en profundidad a Cani para que éste alzara la cabeza con más elegancia que nadie en busca de socios en plena llegada. Allí, en el punto de penalti, estaba Bruno, el omnipresente, para marcar de un toque sutil con su pierna menos buena.

El descanso ayudó a enfriar de nuevo al Villarreal y a concienciar al Málaga de su peligro. Schuster cambió a Eliseu de banda para buscar los espacios que cede Cani. El alemán deshizo el trivote y se equilibró de nuevo el partido hasta el punto de hacer merecedor al Málaga de un empate que pudo llegar antes. Sobre todo después de un disparo de Eliseu que cegó a Morales y enfadó a Juanmi y Darder, relamiéndose bajo palos. El ritmo lento se tornó en desesperante. El Málaga no aceleró porque la depresión le atenaza. El Villarreal, porque no lo necesitaba. El 1-0 parecía inamovible, aunque Giovani buscó el segundo con un cabezazo y una galopada. Lo único que parecía fluctuar en ese minuto 93 era el ascendente ánimo del Villarreal y el precario crédito de Schuster. Hasta que Weligton nos recordó que el fútbol es lo más grande por las sorpresas que regala.

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