El Málaga se topa con el Caballero perico: Casilla
Empate sin goles en Cornellà-El Prat que deja a los pericos con 15 puntos, a uno de Europa League, y a los malagueños con 10, a dos del descenso.


A la fiesta del remate —que no del fútbol espectáculo, tampoco nos engañemos— le encendieron las luces sin que hubiera llegado aún su invitado estrella: el gol. Espanyol y Málaga porfiaron, alternaron ocasiones y tramos de dominio, pero se marcharon de Cornellà-El Prat con los bolsillos semivacíos. Con un punto que no les saca de pobres, especialmente a los boquerones, aunque fueron precisamente estos quienes más cerca anduvieron del premio de la victoria. Aunque el primer tiempo pintaba a otra cosa, Casilla se fue poco a poco erigiendo en el mejor del Espanyol. Y cuando eso sucede, mal asunto para los pericos aunque peor para sus rivales, porque se quedan sin marcar; el Málaga sabe lo que es eso: suma siete jornadas a cero. Su homólogo Willy Caballero necesitó emplearse menos, pero también acabaría resultando providencial.
Había advertido Schuster de que se plantaría atrás, y de entrada lo pareció aunque se fue quitando capas de inseguridad como una cebolla. Mientras el Málaga se acomodaba, como viene haciendo desde hace 11 jornadas, el Espanyol comenzó por llevar el peso aunque con más ruido que nueces. Una doble ocasión de David López con buen desborde de Pizzi incluído fue la única muestra de esa teórica superioridad. Pero el intercambio de golpes arrancaría en el 38’, con 20 segundos frenéticos: un chut al larguero de Santa Cruz desembocó en una contra perica en la que Darder, prodigioso en su reencuentro con el Espanyol, desarmó el gol de Sergio García. La primera gran intervención de Casilla llegaría justo antes del descanso, al sacar una mano en un zurdazo a bocajarro de Tissone.
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Se fue asentando el Málaga, más protagonista en la reanudación. Víctor Sánchez evitaba un gol de Portillo antes de que Casilla, espectacular de reflejos, desviara con un pie un chut de Darder cuya trayectoria había modificado Moreno. El portero perico continuaría su recital con una estirada frente a Antunes, antes de que el Espanyol —en el que Aguirre no dejó de remover el ataque partiendo de Córdoba y acabando con Thievy— probara a la contra con una asistencia de Sergio (que comenzó como mediapunta y terminó, como siempre, haciéndolo todo) que desperdició Stuani.
Providencial, decíamos, fue Willy Caballero en esos minutos en que un gol era ya decisivo: el argentino salvó un disparo de Sergio tras una contra, en el 86’. Pero a Casilla, acaso por envidia, le quedaba la última, en el 89’, anulando la intentona de Anderson.



