Giovani se luce y dirige la goleada de un gran Villarreal
El mexicano marcó dos goles, uno de tacón y el otro con un espléndido tiro desde fuera del área. El Villarreal se sitúa a dos puntos del Madrid.


Nadie conoce mejor a sus jugadores que un entrenador. Marcelino lo demostró ayer con creces. Sorprendió con Uche y Hernán Pérez en la alineación y uno y otro le correspondió con goles. Desafortunado Guaita en ambos por cierto. En el duelo valenciano pasó lo que se intuía que podía pasar. Ganó el Villarreal sencillamente porque hoy por hoy es un equipo más hecho, un bloque más compacto. Por ello el Submarino se afianza en la lucha por la zona noble de la Liga mientras que el Valencia continúa buscando su lugar en su particular travesía por el desierto futbolístico.
En el vestuario amarillo nadie discute que hay un grupo de elegidos que son mejores que el resto y ellos tienen que jugar siempre. Los Musacchio, Bruno, Cani y Giovani. Entorno a ellos Marcelino dispone a un puñado de peones del fútbol con hambre y automatismos claros. Y a rodar. Djukic se mueve más por impulsos y sensaciones del partido anterior. En el fondo los Bernat, Canales y Fede, los que a ojos del serbio se ganaron contra el Sankt Gallen un lugar en el once que puso en liza en El Madrigal, fueron de lo mejor del Valencia.
El problema ché no radica tanto en los peones como en que los que tienen que tirar del carro no empujan igual que los de García Toral. Llámese Mathieu, Banega o Pabón. Y tiene otro problema aún más grave este Valencia: su fútbol. El Valencia en cuanto a actitud nunca le perdió la cara al partido, aunque nunca hizo nada diferente como para cambiar el rumbo que éste tomó mediada la primera mitad. Además si un futbolista como Giovani tiene su tarde como la tuvo el mexicano, apaga y vámonos.
En seis minutos el Villarreal hizo suya la banda de Joao Pereira y por ella entraron al área de Guaita los dos balones que terminaron en el fondo de la red antes del descanso. En ambas acciones fue la movilidad de Gio entre líneas la que rompió el ecosistema defensivo blanquinegro. Y en ambas Guaita pudo hacer algo más, sobre todo en el remate de Uche, que le pilló al guardameta a contrapié y lento de reacción.
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Cada acción ofensiva del Villarreal era un ‘uy’ en la grada, las del Valencia por el contrario era un sinfín de pases y contados desmarques. Jonas recorría con ímpetu (pero nula llegada) todo el campo en busca del balón y solo cuando éste pasaba por los pies de Canales parecía que algo podía suceder a favor de los ché. Pero el bagaje ofensivo de los de Djukic, al menos hasta que Ricardo Costa firmó el 3-1 tras un saque de esquina, se limitó a un remate de cabeza de Pabón, que con toda la portería a su merced se la lanzó a las manos de Asenjo.
Entre medias, el Villarreal había firmado el tercero por obra de Giovani. Lo del mexicano ayer fue de crack. Asistió a Uche en el primero, rompió a la zaga y abrió a Cani para que este buscara a placer la cabeza de Hernán Pérez en el segundo y anotó el tercero y cuarto, de acrobático tacón uno, de soberbia acción y disparo el otro. Incluso se permitió el lujo de mandar un balón al palo y de fallar un penalti. El 4-1 hizo justicia a los méritos de unos y a las lagunas de los otros. Dos conclusiones más deja el duelo de rivalidad valenciano: el Villarreal ha vuelto a Primera para algo más que mantenerse. No se sabe aún muy bien a qué juega el Valencia de Djukic.



