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Álvaro Negredo fue el héroe en un partido de locos

Sevilla 2 - Athletic 1

Álvaro Negredo fue el héroe en un partido de locos

Álvaro Negredo fue el héroe en un partido de locos

Partido intensísimo resuelto por el ariete en el minuto 86. Mateu Lahoz expulsó a Fernando Navarro y Laporte. El Athletic apretó hasta el final, incluso con Iraizoz.

Los lunes con un partido como el que nos han brindado esta noche el Sevilla y el Athletic son más fáciles de digerir. Sobre todo para el Sevilla, que se tomó in extremis un chute de energía antes del derbi en forma de victoria ante un Athletic que sucumbió en un final demasiado cruel. Todo iba encaminado hacia el empate tras un partidazo enorme de ambos, pero Reyes se sacó de la chistera una asistencia de crack en su enésima carrera. Desde que salió el balón de su bota, De Marcos sabía que no iba a llegar, pero el de Laguardia corrió y se lanzó al suelo, con orgullo, pero insuficiente para impedir que Negredo empujara el balón a la red ante un Iraizoz vendido. Ese gol del vallecano, su decimoséptimo en la Liga, premió al Sevilla y le permitió al internacional mandar a callar a no se sabe quién. Justo. Pero dejó sin premio al Athletic, desubicado al principio pero valiente y merecedor de algo más que la derrota.

Empecemos por el principio. Emery y Bielsa sorprendieron desde el inicio: Llorente titular, Aduriz suplente y Manu por detrás de Negredo en lugar de por la derecha. Sea como fuere, el partido fue divertidísimo desde el principio al final. Con Llorente en el campo todo cambiaba. El navarro no había tocado el balón aún cuando Rakitic sacó una falta hacia el área y el ariete tropezó, dejando a Fazio y Negredo solos ante Iraizoz. El centro lo cazó el vallecano, que la peinó hacia atrás y marcó su decimosexto gol. El Sevilla había empezado enchufadísimo, en su versión habitual del Pizjuán. Había avisado Bielsa del peligro sevillista en las jugadas a balón parado y Negredo le dio la razón a la primera.

El Sevilla, por inercia, buscó la banda derecha, pero allí no estaba Navas, después de 15 meses ininterrumpidos. Tampoco Manu, contra pronóstico. El jienense gozó de libertad en la mediapunta y eso fue difícil de parar para la débil defensa del Athletic. Así que Reyes fue buscado una y otra vez en la izquierda. Justo después del gol de Negredo, el utrerano se fue de Iraola y disparó con la derecha. Sólo eso evitó el 2-0, pues su remate rozó el palo por fuera. El Athletic no tenía el balón y sufría muchísimo ante la presión andaluza. Medel y sobre todo Kondogbia apretaban con brío. Llorente apenas la tocaba y De Marcos y Hererra no tenían trascendencia en sus decisiones. A menudo tenían que apoyarse en San José, más eficaz en otra labor que en la de distribuir.

Mediada la primera mitad, el Athletic la tuvo igual que antes el Sevilla: falta lateral, con Llorente hambriento e Ibai de lanzador. No pudo cazarla el navarro, agarrado a escondidas por Kondogbia. Poco a poco, empezó a entonarse el cuadro vizcaíno y a decrecer la presión sevillista. Llorente la tuvo en el área, pero no le dio tiempo a armar el tiro. Negredo respondió con un tiro cruzado que se marchó por poco. Cortesía otra vez de un Rakitic omnipresente. El partido se puso cada vez más bonito, ya que el Athletic despertó. También lo hizo el público, que se la tenía guardada a Mateu después del numerito del valenciano en septiembre contra el Barça.

No sorprendió a nadie que las defensas se mostraran muy dubitativas, sobre todo la bilbaína. Un mal despeje de Navarro se la puso a huevo a Llorente, que prefirió regatear antes que chutar a la primera. Error inusual del navarro. Y una incursión con fuerza de Negredo por la izquierda, regate a Gurpegui incluido, le puso en ventaja, también dentro del área, pero el vallecano la puso atrás buscando a un compañero que nunca llegó. Error igualmente. El partido era vibrante. El Athletic, loco como siempre. El Sevilla, contagiado de esa locura pero más incisivo. Antes del descanso, a Reyes le dio tiempo a dejar un pase de genio a Coke, que se internó en el área y asistió bien a Negredo. El delantero fusiló a Iraizoz pero de repente apareció la pierna salvadora de Gurpegui, que evitó un gol cantado.

Nadie en la grada quería el descanso. Dos equipos valientes estaban divirtiendo y haciendo un derroche conmovedor en la presión, una vez despertado el brío de los leones. Quizás algún purista (quizás con razón) demandara más oficio del Sevilla para parar la locura, ya que iba ganando. El correcalles le podía salir cruz, dada su mala puntería habitual. Pero ante el Athletic de Bielsa es casi imposible parar el tren.

En el descanso Emery ya no pudo aguantar más. La inesperada presencia de Llorente le puso de los nervios desde el inicio, pero decidió aguantar con Fernando Navarro de central. Para la segunda parte metió a Botía para ayudar a Fazio ante el navarro. El sacrificado fue Manu, que confirma su annus horribilis. Y Bielsa se la devolvió quitando a Llorente. Nadie lo entendió, la verdad. Sobre todo al ver que Aduriz salió súper revolucionado, jugándose la roja torpemente en un codazo a Botía antes de una falta. Al margen de los cambios, poco cambió en la reanudación: el Sevilla volvió a salir en tromba y la tuvo en un remate al poste de Coke. Respondió el Athletic enseguida, pero esta vez con premio: Ibai sacó una falta lateral y Gurpegui imitó a Negredo, peinándola y ajustándola al palo. Todo como al principio.

Con media hora por delante, Emery empezó a temerse que la falta de puntería podía privar una vez más a su equipo de la victoria. El Athletic había despertado y el marcador le daba la razón a Bielsa: con Aduriz y sin Llorente, su equipo había empatado. Y no sólo eso, empezó a creérselo. Negredo se picó y con un control maravilloso se plantó delante de Iraizoz, pero no quiso lanzar con la derecha y Gurpegui volvió a estar providencial. El de Pamplona, enorme, sostenía atrás al Athletic.

El encuentro no había quien lo parara. Negredo volvió a tenerla y casi la clava de preciosa vaselina. Herrera respondió con un derechazo que hizo volar a Beto. Y en estas Emery empezó a pensar en el Betis, quitándo a Fazio (con amarilla) e introduciendo a Perotti. El argentino reapareció por enésima vez, Navarro volvió a ser central y Alberto lateral. Bielsa reaccionó: Iraola, con molestias, se fue y su lugar lo ocupó Ramalho. El partido entró entonces en una fase extraña. Los dos sabían que podían ganar, pero ninguno quería perder. Así se fue diluyendo el partidazo hasta que Mateu echó más leña al fuego de su relación con el Pizjuán, expulsando injustamente a Navarro por pornerle el brazo en el hombro a Aduriz en un salto. El Athletic tenía 15 minutos para rematar su remontada, pero Laporte vio dos amarillas en dos minutos y dejó los últimos diez de nuevo igualados. Los dos merecieron ganar, aunque el Sevilla gozó de más ocasiones y esa jugada decisiva entre Reyes y Negredo. 

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