El Real Madrid alarga la fiesta

REAL MADRID 5 - LEVANTE 1

El Real Madrid alarga la fiesta

El Real Madrid alarga la fiesta

SERGIO PEREZ

REUTERS

El equipo de Mourinho, con fútbol y con puntería, se sobrepuso al gol inicial de Michel. Higuaín, con un tanto de museo y una asistencia, fue el mejor. Cristiano también marcó.

Del saque de honor de Ban Ki-moon (su eminencia casi rueda por el césped) al último gol de Özil media una historia de la evolución futbolística, de la prehistoria del balompié a la excelencia posmoderna. Más que 90 minutos de juego fueron 90 minutos de horno, del equilibrio a la goleada y del tanteo a la exhibición. Así es el Madrid. Lo sabía el Levante y lo comprobó ayer en sus asadas carnes.

Lo del principio, ahora lo sabemos, fueron, en su mayoría, pistas falsas. En la primera media hora asistimos a un partido inesperado. El Madrid alteraba la receta y ofrecía posesión sin llegada. Hablo de posesión jugosa, abundante, casi lujuriosa para lo que acostumbra, hasta el 70% de control. Y me refiero a una llegada mínima para el dominio ejercido. Algo parecido a buen fútbol, diría, si no fuera pecado elogiar la retórica. Modric, Xabi y, sobre todo, Kaká dinamizaban el juego del equipo. Se alternaban las bandas, las opciones y los movimientos. Nada apasionado, porque no era tarde para eso, pero todo de una estimable agilidad.

El Levante, entretanto, defendía con absoluta pulcritud, ordenadísimo y sin excesivos apuros. La portería contraria le quedaba más allá del horizonte, pero la vida es una cuestión de prioridades y sobrevivir es la primera. Se recuerdan ocasiones de Higuaín y Kaká, y apenas un acercamiento de Míchel, que provocó un córner.

A los 30 minutos terminó el equilibrio del modo más insospechado. El Levante montó un contragolpe tan rápido y mortal que lo hubiera podido firmar su adversario. Entre Míchel y Pedro Ríos se bastaron para recorrer 80 metros y depositar el balón en la portería rival. La alegría, desbordante, les duró poco. Igual de breve fue el calentamiento de Cristiano y Di María.

En ocasiones da la impresión de que el Madrid no remonta partidos, sino que castiga osadías. Esta vez el rayo vengador lo lanzó Higuaín. De pronto, y sin conexión con cuanto ocurría, el argentino enganchó un balón de media volea, o casi de media chilena, porque chutó con los dos pies en el aire. El tiro se coló por la escuadra y el Bernabéu tardó en reaccionar, de puro atónito. No había sido Benzema, ni siquiera Cristiano. El gol lo había marcado Higuaín, el delantero al que algunos quieren empaquetar en verano. Craso error será ese.

No había terminado el último aplauso cuando Clos Gómez pitó penalti por mano tonta del alemán Lell, que aleteó en un lugar lejano y desmilitarizado. Kaká transformó la pena y lo celebró con verdadera alegría, como si fuera un debutante o como si ganara una apuesta. Si lo que festejó fue su buen partido, tenía razones. Ayer Kaká exhibió, además de su elegancia natural, el brío de un caballo del Grand National. Lástima que pocas veces llegue hasta el último obstáculo.

Cristiano ocupó la plaza de Callejón después del descanso y, aunque el Madrid ganó velocidad y filo, el equilibrio volvió a apoderarse del partido. Ante un enemigo mejor, el Levante estuvo cerca de marcar en el 56’: Acquafresca rozó el palo en su intervención más destacada (quizá la única).

Mourinho añadió dinamita con Di María (por Kaká). A esas alturas, el centro del campo ya era un lugar de paso, una gasolinera cerrada. Madrid y Levante respondían con contraataques a los contragolpes del otro; unos con bombas y otros con puños. Prueba de lo roto que estaba el partido es que Arbeloa tuvo dos ocasiones de gol; será difícil verle tan cerca del doblete. Entre la defensa y Munúa (magnífico portero) fueron desbaratando las oportunidades de un Madrid que elevaba su temperatura. En el 76 entró Özil (por Benzema). Y brotó el fuego.

El tercer gol llegó por el tesón de Higuaín, que persiguió un balón que se perdía por la línea de fondo y lo transformó en asistencia. Cristiano ‘sólo’ tuvo que controlar con un pellizco y volear con un cañón. Qué fácil se acostumbra a uno a lo bueno. El cuarto tanto se lo regaló Cristiano a Özil, después de una estupenda maniobra coral. El quinto gol fue parecido. Otra estampida de tipos geniales y hambrientos culminada por el alemán turquesa.

El resultado final confirmó el drama de los equipos que visitan el Bernabéu. No basta con hacer lo que uno sabe, ni siquiera con hacerlo bien. Tampoco es suficiente ser valiente o disciplinado. Además, hay que aliarse con los ángeles y alinearse con los astros, rezar mucho y que te deban una en el cielo. Y generalmente, ni así.

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