Jugar con Leo es abusar

Barcelona 3 - Zaragoza 1

Jugar con Leo es abusar

Jugar con Leo es abusar

Messi marcó dos goles y ya está a siete de Müller. Song se estrenó como blaugrana. El buen partido del Zaragoza se estrelló contra el '10' barcelonista.

Jugar con Messi, ni que no sea la versión más rutilante del astro argentino, va camino de convertirse en un abuso flagrante de poder. Es tal su dominio del juego de ataque en cualquiera de sus facetas, desde el último pase al remate, pasando por el dribbling, que para los rivales del Barça su presencia en el campo convierte los partidos en un desgaste similar al de tratar de derribar una pared a cabezazos. El Zaragoza completó ayer en Barcelona un encuentro más que aseado, con un buen trato al balón, una defensa ordenada, un planteamiento inteligente y todo lo que quieran. Pero todo eso se fue al garete en cuanto el argentino cogió cuatro balones. El primero se fue fuera por centímetros, el segundo fue gol, el tercero fue una asistencia soberbia a Song y el cuatro también acabó en la red. Así, es muy difícil hacerle un rasguño al Barça, que sumó tres puntos más, tapó sus carencias atrás, y ganó por 3-1 el día en el que el argentino recortó de nuevo en dos goles la distancia que le separa de los 85 de Müller. Está a siete goles del récord del alemán y tiene ante sí 10 partidos para alcanzarle. A este ritmo, pinta que lo puede hacer caminando.

Ir a jugar un partido de fútbol con Leo de tu parte debe de ser como ir a rescatar rehenes con Jack Bauer. Sabes que va a salir bien. El Zaragoza, que llegaba al Camp Nou con una defensa de circunstancias, no se dejó intimidar de entrada por un Barça que salió a jugar con 9 canteranos. Bien plantado atrás y con las ideas muy claras en ataque, donde Aranda, jugador irregular pero que nunca falla en los partidos grandes, aparecía en la punta en lugar de Postiga.

Dudas. A los dos minutos de partido, el argentino ya había advertido a Roberto y nada más superar el cuarto de hora de partido ya había marcado su primer gol después de una magnífica jugada de Jordi Alba, que volvió a completar un partido soberbio en las dos mitades de campo. Fue exuberante en el repliegue y rápido y peligroso en ataque. El mejor del partido, con permiso del extraterrestre de Rosario, claro está.

No obstante, a pesar de marcar primero, el Barcelona no llegó a sentirse nunca cómodo en el encuentro. Puede que influyera el jet-lag derivado de los partidos de selecciones. Pero eso sería restar mérito al estupendo planteamiento de Manolo Jiménez, que en menos de doce meses le ha dado la vuelta al Zaragoza como si fuera un calcetín. De un ser un equipo perdido y sin carácter, ha pasado a ser un grupo compacto que sabe muy bien a lo que juega.

Fruto del buen juego aragonés, llegó el empate tras un córner mal defendido por los de Vilanova. Si bien el regreso de Puyol y Piqué aportó más consistencia a la zaga, sigue siendo muy fácil para el rival de turno perforar la meta de Valdés. Este detalle sería un drama si por delante no estuviese Messi.

El argentino empezó a arreglar el partido después de un jugadón descomunal en el que se deshizo de tres adversarios antes de regalarle el 2-1 a Song. En la segunda parte, el Barça controló el buen juego de su rival y se dedicó a esperar la genialidad del astro. Llegó en el minuto 60. Significaba el 3-1 y el fin del partido.

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