El Madrid desafía a un Barça débil en defensa

Liga BBVA | Barcelona - Real Madrid

El Madrid desafía a un Barça débil en defensa

El Madrid desafía a un Barça débil en defensa

Song y Mascherano, centrales para recibir a un campeón a -8

Desde el primer Clásico con Mourinho (29-11-2010), Barcelona y Real Madrid han disputado trece encuentros, lo que equivale a un partido del siglo cada 52 días. Como seis de esos duelos se disputaron en el Camp Nou (otros tantos en el Bernabéu), habrá que suponer que el miedo o los nervios son asuntos irrelevantes a estas alturas. Quién sabe si en el túnel de vestuarios, y de modo inconsciente, no habrá madridistas que tarareen en el himno del Barça igual que se canturrea la canción del verano por inapropiado que resulte. Después de tantas visitas cada paso resulta conocido, casi familiar: el rugido, la música, el señor del bigote.

De los madridistas que encajaron el 5-0 hace casi 23 meses, hoy podrían repetir hasta diez futbolistas, caso de que juegue Özil; sólo Carvalho ha perdido el sitio. En el Barça, lo más probable, es que repitan siete. Con relación a aquel once faltarán Puyol, Piqué, Abidal y Villa. Es decir, la base de la defensa y el nueve (el Guaje hizo doblete aquella noche).

Ese recuerdo, no tan lejano, nos ofrece el primer análisis. El Barça está agujereado en lo que Luis Aragonés denominó pasillo de seguridad y en esas bajas se establece su debilidad en relación con el Madrid. Vilanova no tiene alternativas fiables y tampoco ha querido tenerlas. En lugar de fichar un central y un goleador (necesidades acuciantes), Tito apostó por Song y Jordi Alba. El resultado es que hoy se enfrentará al equipo con más pegada del mundo con dos centrocampistas como centrales, Song y Mascherano, uno lento y otro bajito.

Es cierto que el Barça es líder en la Liga con pleno de victorias (algunas sufridísimas), pero lo que se disimula contra otros rivales costará más esconderlo frente a un enemigo tan poderoso como el Madrid. Otro equipo con ocho puntos de ventaja y sin sus centrales titulares estudiaría una solución de emergencia, quizá una táctica más conservadora, tal vez un partido a la contra. Sin embargo, ya sabemos que este Barcelona tiene más apego a su filosofía que a la supervivencia.

La nueva posición (disposición) de Messi incide en lo apuntado. El genio se ha retrasado para agitar un juego que se ha hecho previsible. Por eso resulta tan importante la aportación de Cesc como cómplice necesario y centrocampista con gol. Es como si Messi hubiera dejado de ser protagonista de sus películas para hacerse director. El bien común por encima del bien propio; el cine antes que el Óscar.

Racha. Para el Madrid, que viaja hoy, es distinto. El Clásico llega cuando parece haber recuperado la forma y la memoria. El debate Kaká o Modric es un juego floral. Lo importante es que el equipo ha vuelto a su versión arrolladora (en coincidencia con Cristiano) y no debemos olvidar que sus mejores partidos en el Camp Nou han sido en situaciones de urgencia. Ofrecer espacios a un equipo así es una misión suicida, salvo que le impidas acceder al balón. El Barça lo consiguió en la ida de la Supercopa y hoy se encuentra ante el mismo reto.

Buena parte de la Liga está en juego, también el ánimo de las aficiones, probablemente el Balón de Oro. Ni el enésimo Clásico nos dejaría satisfechos. Menos aún el 14º.