Caparrós supo exprimir el esperpento de la zaga che
El Mallorca sigue en lo alto y el Valencia deambula en Liga


Seguramente Joaquín Caparrós dirigirá en sus mejores sueños partidos como el de ayer. Y empapará la almohada del gusto. A un experto como es el de Utrera en explotar virtudes y maquillar defectos no le puedes dar las concesiones que le dio el Valencia de Pellegrino. Posiblemente los blanquinegros regresaron a casa pensando que fueron ellos los que manejaron el partido. Que sólo les faltó fortuna cara a puerta. Ese acierto que sí tuvieron los bermellones (cuatro disparos, dos goles). Pero a uno le quedó la sensación de que lo que hicieron fue jugar al son que le interesaba al Mallorca. Al único compás que puede jugar este Mallorca para doblegar a rivales como el Valencia. Y lo hicieron.
Lo de la defensa blanquinegra no fueron errores sino horrores. De los que dan hasta risa cuando los ves repetidos. Si Valle Inclán hubiera sido cronista deportivo habría creado igualmente el género del esperpento relatando la jugada del primer gol. Alves blocó lo mismo que despejó Rami. Aire. Está claro que el fallo del brasileño (quien ha evitado muchos goles como para que por un perro que mató mataperros le llamemos) es más decisivo, pero chirrió más ver al francés saltar hacia la nada. Casadesús ni pensó que el balón le iba a llegar a sus pies. Pero así fue.
El 2-0.
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Como también tuvo el premio del gol la carrera de Arizmendi. Sólo llevaba 35 segundos en el campo y festejaba su primer tanto con el Mallorca. Era el de la tranquilidad, el que si bien no hacía justicia sí volvía a dejar en mal lugar a la zaga del Valencia. Ni Rami ni Víctor Ruiz fueron capaces de despejar lo que en verdad fue un saque de portería. Caparrós está logrando que los suyos se crean más guapos, altos y jóvenes de lo que son, como ese Antonio López que maniató a Feghouli. Sólo cuando aparecía Viera por la izquierda se tambaleaba el muro de Caparrós.
Pero era como esa telaraña que alargas pero no rompes. Hubo un travesaño de Valdez, un mano a mano de Soldado y un libre indirecto que lanzó Tino a la cara de Conceiçao. Pero el Valencia acabó ahogado en su embudo. Ganó el Mallorca por acierto, por no cometer errores y por lo único que podía hacerlo: por intensidad.



