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Hungría se vuelca en el homenaje a Kocsis

El mítico 'Cabeza de Oro' ya reposa en Budapest.

<b>HONORES DE ESTADO. </b>Aspecto de la Basílica de San Esteban de Budapest durante el funeral.
Santi Giménez
Subdirector de AS
Nació en Barcelona en 1968. Estudió Ciencias de la Información y Filosofía. En 1988 entró a trabajar en la revista Barcelona Olímpica, en 1990 en el diario Las Noticias. Tras cerrar ambos medios se incorporó al Diario de Barcelona en 1990, que no cerró hasta 1994. En 1994 entró en SPORT. Se incorporó al Diario AS en 2010, donde es Subdirector.
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Los que tuvieron la suerte de verle jugar aseguran que nunca nadie ha tenido su juego de cabeza. Kubala dijo de él que "cuando entraba en el campo, una luz iluminaba el estadio". Elegante en el campo y señorial fuera de él, Sandor Kocsis fue tan querido en Barcelona como añorado en Hungría, de donde se exilió tras la invasión soviética de 1956. Ayer, el día que hubiera cumplido 83 años, Hungría saldó una deuda con uno de los integrantes de su Equipo de Oro. Ese conjunto que ganó el oro olímpico en Helsinki, el subcampeonato Mundial del 54, y que se nutrió del Honved, uno de los mejores equipos de la historia y que en buena parte fundó las bases del fútbol moderno. Menos mediático pero más ordenado en su vida que otras figuras de su época como Di Stéfano, Puskas, Czibor o Kubala, Kocsis fue uno de los grandes. Marcó 11 goles en el Mundial 54, promedió 1,10 goles en sus 68 partidos como internacional, logró 151 en 235 encuentros con el Barça y aún está vigente su récord de siete hat-trick con la escuada magiar.

La reivindicación de la familia Kocsis para que los restos de Sandor, que murió en Barcelona en 1979, reposaran en su país ha durado 33 años. Ayer, sus cenizas se depositaron en la Basílica de San Esteban al lado de las de su amigo Ferenc Puskas en presencia del Janos Ader, presidente de Hungría.

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El Barça no faltó a la cita. Una expedición encabezada por Sandro Rosell acompañado por Carles Rexah y Josep Maria Fusté estuvo presente en el funeral, al que también asistió, visiblemente emocionado, Luis Suárez, uno de los mejores amigos de Kocsis.

Todos los que jugaron con él le querían en su equipo, desde Suárez hasta Puskas pasando por Kubala y Czibor. Como a todo ese maravilloso Honved, la invasión soviética de Hungría le cogió en Viena volviendo de Bilbao, donde se enfrentaron al Athletic. Optó por el exilio y estuivo un año sin jugar antes de recalar en el Barça donde estaría 8 años. Fue lo más cerca que estuvo de su hogar hasta que ayer pudo regresar.

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