La prueba navarra
En Pamplona el Barça empezó a caerse hace un año


La primera salida del nuevo Barcelona de Vilanova es peliaguda. Pamplona, nada menos. Uno de los campos que arrojan un balance más igualado en lo que se refiere a triunfos entre locales y visitantes. A falta del partido de hoy, el Barça ha ganado 12 veces en Pamplona a domicilio, ha empatado once y ha perdido en otras once. Sin duda, un cociente que ya quisieran muchos equipos ante los jugadores blaugrana.
Y además, las caídas del Barça en Pamplona siempre fueron más allá de la pérdida de los puntos. Una derrota en Pamplona supuso el inicio de la pérdida de la Liga del 82, esa que el Barça de Lattek tenia en la mano, luego supuso la destitución de Serra Ferrer y en el último curso significó el punto de inflexión de cara a perder la Liga. Por tanto, aunque esta vez llegue pronto y con el clima supuestamente a favor, la prueba navarra siempre ha marcado el termómetro de lo que puede hacer el Barcelona en el campeonato.
Y a esta prueba llega el Barcelona con unas sensaciones contradictorias. Por un lado, nadie puede negar que la imagen ofrecida en los dos primeros partidos oficiales de la temporada ha sido buena, pero existe el peligro de pensar más en el partido del Bernabéu del próximo miércoles que en el de hoy en el Sadar. Y en Pamplona, nadie gana si no está al cien por cien.
Pocos cambios. Vilanova tiene como tarea principal concienciar a sus jugadores de que Pamplona es uno de esos campos en los que se deciden las ligas. A su favor tiene la experiencia de la temporada pasada, cuando Osasuna borró al Barça del campo en una primera parte memorable de Lekic. Y en sentido contrario puede apelar al partido de hace tres cursos, cuando Messi, en medio de una espesa niebla sentenció el encuentro
En Pamplona, las armas para doblegar al Barcelona siempre serán las mismas. Una grada indomable, unos jugadores al límite y un portero, como pasó hace el año pasado, en estado de gracia.
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Las dos últimas visitas del Barcelona a Pamplona han estado marcadas por la polémica. Hace dos temporadas, coincidió con la huelga de controladores aéreos y el Barcelona dio por hecho que el partido se iba a suspender. A última hora y con las prisas, tuvieron que comparecer en el Reyno de Navarra con media hora de retraso.La temporada pasada, lo que casi les impide llegar a la cita fue la ola de frío. De hecho el partido se jugó en un campo absolutamente congelado en el que los jugadores barcelonistas nunca se sintieron a gusto.



