Elegir central es el mayor desafío para el Barcelona
Tito sigue esperando noticias de la dirección deportiva.


Jugar en el Barcelona es más complicado de lo que parece. El estilo de juego del equipo blaugrana reclama una adaptación a los fichajes que no todos logran asimilar. La mayoría de los recién llegados ven como su contrastada calidad se iguala frente a la aptitud de jóvenes de la cantera que llevan toda la vida jugando al estilo Barça. La mayoría, tras un tiempo prudencial, acaban adaptándose, pero sin duda los que más sufren en ese proceso son los centrales. Y un central es, precisamente, lo que Tito Vilanova le ha pedido este verano a Zubizarreta, que afronta con esta misión su doctorado como director deportivo del club blaugrana.
A un central del Barça se le pide, básicamente, lo mismo que a los de los otros equipos. Que sea rápido, fuerte en la marca y que además saque el balón con solvencia. La diferencia fundamental está en el espacio. En el Barça, el central acostumbra a quedar retratado. En un equipo que juega con tanto espacio entre la línea de defensa y el portero, hay que minimizar errores. Por eso, grandes centrales en otros equipos han naufragado en el Camp Nou. A Zubi, además, le exigen que quien venga, sea barato y esté dispuesto a ser suplente.
Chygrynskiy. Apuesta fallida de Pep
El ucranio fue una apuesta personal de Pep que creyó ver en su visión de juego una versión de Piqué. Se pagaron 25 millones de euros al Shaktar, pero resultó un fiasco. Su lentitud y la falta de adaptación obligaron a devolverlo un año después a cambio de 15 millones. Jugó 14 partidos.
Thuram. En su declive
Llegó por 5 millones tras el desmembramiento de la Juventus por descenso administrativo. Las lesiones marcaron su trayectoria. Jugó 41 partidos en dos temporadas.
Cáceres. Nunca se adaptó
El Barcelona pagó 16,5 millones de euros al Villarreal por el uruguayo que apenas contó para Pep. Nunca se adaptó al juego de posición. En el Barça jugó únicamente 23 partidos. Ahora juega en la Juve.
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Henrique. No llegó a debutar
El caso más rocambolesco de todos. El brasileño llegó por 8 millones y sólo jugó media parte de un amistoso de pretemporada. De hecho, jamás llegó a ser presentado oficialmente como jugador culé.



