El Barcelona liquida la Supercopa de Catalunya
La FCF la suspende al saber que comparecería el filial.


La Copa Catalunya era un trofeo agonizante desde hacía tiempo que sobrevivía más por interés institucional que deportivo, pero ayer recibió una estocada de muerte de quien, en principio, menos se podía esperar. El Barcelona comunicó por sorpresa a cuatro días de la disputa de la final -que en esta ocasión adoptaba su enésimo formato con una final entre el Nàstic y el Manlleu previa a una Supercopa entre Barça y Espanyol- que disputaría dicho partido con el equipo filial que dirige Eusebio Sacristán. Inmediatamente después de este anuncio, la Federació Catalana, visiblemente molesta, anunciaba que se suspendían ambas finales.
En un comunicado en la web del club, el vicepresidente deportivo, Josep Maria Bartomeu justificaba esta decisión argumentando "un calendario muy apretado, la ausencia de jugadores importantes y para evitar el riesgo de lesiones como nos ha pasado con Muniesa".
La versión oficial habla de una decisión consensuada entre la dirección técnica y la junta, pero lo cierto es que el origen de la renuncia a acudir con el primer equipo sale del vestuario. Es, sin duda, la primera gran decisión de Tito Vilanova. El club también justificó el anuncio "para evitar que los aficionados compren las entradas esperando algo que no verán". De hecho, el club también ha anunciado que será el filial quien disputará ante la Sampdoria el Trofeu Joan Gamper.
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La reacción en las redes sociales y en el entorno del fútbol catalán fue demoledora contra el Barcelona, al que se acusa de echar la última palada sobre una competición que con el nuevo formato trataba de reinventarse. Precisamente el pasado día 11, se presentó el trofeo con pompa y boato en la Generalitat y Sandro Rosell se comprometió ante el President Artur Mas a "competir con el mejor equipo posible".
El Espanyol. La decisión del Barça cogió desprevenido al Espanyol que no escondió su enfado ante el desplante culé. Joan Collet, consejero delegado del club, afirmó que "estamos tristes, sorprendidos y un poco enfadados, por jugar esta competición dejamos de negociar una gira. Es una falta de respeto para el fútbol catalán y para el Espanyol, que no juega contra el filial de nadie".



