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Jesé: de talento díscolo a mejor Sub-19 de Europa

Jesé aúna calidad y carácter explosivo a partes iguales. El Madrid lo captó cuando promediaba cien goles al año en el Huracán canario y lo ha moldeado hasta convertirlo en la promesa de moda del continente.

Carlos Forjanes
Nació en Madrid en 1982. Desempeña desde 2007 en AS las funciones de redactor primero en la sección de Fútbol y poco después en la del Real Madrid. En ella ha cubierto, entre otros torneos, tres finales de la Champions League. También forma parte del programa ‘Tres de Descuento’ en el Twitch de AS y presenta el espacio ‘Fútbol Sapiens’ en AStv.
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Cuando, lloroso, Jesé Rodríguez Ruiz (Las Palmas de Gran Canaria, 16-2-1993) vio a sus padres después de perder la final contra Inglaterra del Europeo Sub-17, hace dos años, prometió a su familia que en la próxima no fallaría. El pasado domingo cumplió la promesa en Estonia. La perla madridista se consagró como el talento de moda en el continente tras ganar con España el Europeo Sub-19 siendo Bota de Oro (cinco tantos) y el héroe con el gol del triunfo ante Grecia en el 80'. También es máximo favorito al Balón de Oro del torneo (aún no se ha decidido).

El extremo blanco empezó a aflorar en el Virgen del Pilar canario, donde peloteó de los 6 hasta los 10 años, cuando saltó al Huracán, un club de formación. Allí promedió más de cien goles por año y Sixto Alfonso, el cazatalentos del Madrid en las islas (cuando estaba en el Barça descubrió a Pedro), hizo lo imposible por ficharlo. Tanto insistió que los gestores de La Fábrica la compraron un billete de avión al chico y lo mandaron a un torneo en León para catarlo. El dictamen fue unánime: "Es una joya". Pero tenía sólo 13 años. Decidieron atarlo y que se quedara un año más en casa. Un movimiento madridista audaz. El Huracán, muy poco después, firmó un acuerdo de colaboración con el Barça...

Ya en Madrid, siempre fue tan precoz como díscolo. Jesé tuvo problemas de adaptación en el Colegio SEK, donde entró interno. Seguía extrañando a su familia, a la que adora. Tanto, que se ha tatuado el nombre de sus padres María y Pascual en las manos y el de sus hermanos (Israel, Misael, Queila y Evelyn) en el gemelo.

Incidente. Poco dado a los libros, en septiembre de 2009, con 16 años, le dio un cabezazo a un árbitro durante un derbi y le cayeron 15 partidos de sanción. La bronca del club fue monumental. Recibió un warning: "Otra más y te vas". Jesé reconoció en AS que había escarmentado: "Se me fue la cabeza pero ya he aprendido la lección". No obstante, ha sido su actual técnico, Alberto Toril, quien le ha domado. "Le dio varios tirones de orejas. Jesé siempre ha tenido ese punto de vedette de los genios pero ha cambiado, está más involucrado y centrado", comenta un extécnico de Valdebebas.

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Su llegada al primer equipo ha sido meteórica. Hizo la pretemporada con Mourinho el año pasado (marcó un gol en China) y debutó oficialmente con el técnico portugués contra la Ponferradina (0-2) en Copa el pasado 14 de diciembre. Con el Castilla, fue esencial en el ascenso a la Liga Adelante con 10 goles y seis asistencias.

En la capital vive en un coqueto piso con su hermano Omar Mascarell, compañero en el filial. Uno canarión, el otro chicharrero (tinerfeño), pero uña y carne desde hace seis años. Amante incondicional del reggaeton y del tradicional potaje de berros de su madre, siempre insiste en que su nombre se pronuncia Jesé, como se escribe, no 'Yesé'...

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