Grupo D | Ucrania 2 - Suecia 1

Shevchenko es eterno

Sheva, titular contra pronóstico a sus 35 años, levantó un partido que Ibrahimovic, estupendo también, había puesto en ventaja para Suecia. Kiev lo celebró como una fiesta.

Shevchenko es eterno
Aritz Gabilondo
Redactor jefe
Aritz Gabilondo (San Sebastián, 1980) es redactor jefe de fútbol internacional de AS. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra, empezó su carrera en El País y desde 2002 trabaja en AS. Ha cubierto Mundiales, Eurocopas y Juegos Olímpicos para este diario. Es comentarista de fútbol internacional en Cadena Ser, Movistar+ y Mediaset.
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Sonaron fuegos artificiales en Ucrania cuando pitó el árbitro. El conjunto de Blokhin mira a los ojos de Europa. A los ojos futbolísticos, los que ayer brillaron de manera especial en Shevchenko, un delantero de los de siempre, de los que mantienen vivo el espíritu goleador pase el tiempo que pase sobre ellos.

Tras unos años de letargo, el ahora delantero del Dinamo de Kiev, que en septiembre cumplirá 36 años, volvió al escaparate mundial con un doblete histórico para su país. Nadie le daba como titular ya en esta selección. Pero jugando en casa y ante su gente no podía faltar a su fiel cita.

Por lo demás, Ucrania demostró que es atrevida. Sus hombres de banda hacen daño con velocidad y desbordes. En especial Yarmolenko, peligroso zurdo en la derecha, una de esas antinaturalidades que mejor se adaptan al fútbol. Sus movimientos y los de Konoplyanka voltearon por momentos a Suecia, frágil como pocas.

Los anfitriones jugaron a borbotones, ida y vuelta, saca y mete, pero no pudieron reflejar de entrada esta intención con un gol. Lo tuvo Shevchenko, primero, en un mano a mano que se le fue cruzado. Lo acarició poco después Yarmolenko en un tiro a placer que sacó un defensa prácticamente en la línea. Y casi lo sella Voronin con un disparo desde fuera del área que repelió con muchos problemas Isaksson.

Ucrania gustaba y se gustaba, pero ese exceso de adrenalina en los metros finales no auguraba nada bueno. Sólo la experiencia de Shevchenko podía neutralizar tal ansiedad por celebrar antes que marcar.

Tampoco es que Suecia asustara demasiado. Bastante tenían los de Hamrén con aclimatarse al fastuoso escenario y a las diatribas que siempre implica jugar en casa del anfitrión. No hubo excesivas luces en un conjunto dependiente en exceso de Ibrahimovic. El carácter tan histriónico del milanista le puede hacer estar ausente del partido todo un tiempo para luego decidir cuando menos se lo esperaba.

Goles. Tal cual ocurrió. Ya había avisado en el primer tiempo con un remate de cabeza al poste y tras el descanso picó con más veneno tras una prolongación en el segundo palo. Se esperaba que apareciera el gigante sueco y dejó su huella en ese tanto, menos brillante que otros pero igual de válido.

Ucrania podía entrar en depresión entonces y lamentar su desacierto, pero no lo hizo. Al contrario. Mantuvo ese ritmo de altibajos que hacía daño a Suecia y que no era demasiado lúcido, aunque sí efectivo.

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Además, contó con la fortuna de empatar casi de inmediato. Shevchenko giró el cuello en un buen centro desde la derecha de Yarmolenko y llegó la revolución a Kiev. La sensación es que esos tira y afloja acabarían por convertirse en algo plausible. Las oleadas no cesaban, desacompasadas, si se quiere, pero tintineantes.

También ayudó a ello que la noche estuviera destinada a esculpir el nombre de Sheva en letras de oro en el Olímpico. Un país le aguardaba. Una bandera la cobijaba. Una camiseta le inmunizaba. Y, por supuesto, apareció. Lo hizo adelantándose en un córner a todo el mundo, como el sherpa que conoce el camino a diferencia del resto. Eterno Shevchenko para desatar la fiesta ucraniana. Inmensa Ucrania ante un Ibrahimovic que no fue suficiente.

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