El empate del miedo
Lescott adelantó a Inglaterra de cabeza y Nasri empató desde la frontal. Francia manda pero no da miedo. Inglaterra se mostró rocosa atrás a la espera de contar con el brillo de Rooney.

Otro clásico europeo, otro debut de grupo y otro empate. En un encuentro que tuvo momentos sorprendentes (Inglaterra con posesión) y ausencias (a Benzema y Ribéry se les vio poco), y al que le faltó calidad y continuidad, lo mejor para ambas naciones fue el resultado que les da opciones de todo si resuelven bien contra Ucrania y Suecia.
Jugaba la Inglaterra con menos talento en varias décadas pero desde la lógica y las expectativas fracasadas, mezclada con la experiencia internacional de Roy Hodgson, se ve mejor el fútbol. El plan era claro: volver a ser la Inglaterra de las esencias. Y ya que se escogió ese camino, pensó Hodgson, tomemos alguna decisión que dé al equipo frescura, escojamos a tipos a los que no les pese el pasado: fuera Rio Ferdinand y entran Oxlade-Chamberlain, Young y Wellbeck. Dos de ellos, por cierto, son del Manchester United y esa era la referencia, especialmente en partidos europeos: movilidad, banda y transiciones rápidas.
Así llegó la primera oportunidad del partido: en dos toques se plantó Inglaterra en el área, Young partió a Remi y Mexes, lentos, en dos y Milner regateó a Lloris aunque envió fuera a puerta vacía. Francia iba a otra velocidad, como sorprendida: lo que se veía no era lo previsto. Nasri intentó cambiar de partitura, se ofreció y buscó el pase corto, pero el resto no le entendía y los ingleses, que creían mucho en lo suyo, se replegaban bien. En todo caso, el partido es lo que sucede mientras estás haciendo cuentas de cómo jugar. Así pues a nadie le extrañó que el marcador lo abriera Inglaterra: una falta lanzada por Gerrard que cabeceó Lescott.
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Defensa colectiva. Los de Hodgson deberían haber insistido en lo suyo. Francia se despertó y creó peligro en la portería de Hart. Desde la llegada de Hodgson ha quedado claro que defienden todos y además Inglaterra ya tiene portero para una década. Pero surgieron otra vez miedos antiguos y los pross cedieron el terreno y el balón. Aun así, no salía el talento francés porque no se ponía los fundamentos suficientes. Necesitaba llegar a Benzema por caminos opuestos a los que ponía en práctica: se utilizaba poco la banda, el cambio de orientación, la llegada sorpresa de algún medio... Y llegó Nasri y empató porque chutó muy fuerte desde fuera del área, no necesariamente como consecuencia del juego.
Al descanso se llegó con una Francia que, en todo caso, crecía, pero no acabó de aparecer el triángulo de oro (Nasri, Ribéry, Benzema) e Inglaterra tuvo hasta ratos de control. El partido se puso a las órdenes del talento de unos o el empuje de los otros que se fue apagando: así que el que ganó fue el miedo del primer partido, o sea se empató.




