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Pedro cierra el círculo virtuoso

Copa del Rey | Athletic 0 - Barcelona 3

Pedro cierra el círculo virtuoso

Pedro cierra el círculo virtuoso

Dos goles del canario y uno de Messi rompen la final en 25 minutos. El Athletic no tuvo opción ante un Barça imperial. Pep se va por la puerta grande.

Guardiola completó su 14 particular en el Calderón ganando una final de la que vino a poner el lazo a su trayectoria. Y lo hizo con las mismas herramientas con las que comenzó a construir su leyenda. Con un equipo ofensivo, rápido, espectacular, competitivo al máximo y sacrificado que jugó ayer como si en vez de cerrar una etapa la estuviera inaugurando.

El Athletic, un rival soberbio, poco pudo hacer. Se encontraron los de Bielsa con un déja vu respecto a hace cuatro años, cuando tampoco pudieron oponer resistencia ante un equipo que empezaba una singladura que tuvo ayer un punto y seguido.

Si fuera por ilusión, la Copa estaría ahora camino de la gabarra, pero el Barça fue demasiado para un equipo que si bien nunca se desconectó del partido, nada pudo hacer ante la salida imperial del Barcelona.

Gran parte de la culpa de que esto sea así la tiene un jugador de Abades, que empezó con Guardiola en Tercera y que nunca le ha fallado a su jefe en los momentos decisivos. Pedro siempre ha tirado del carro en los días clave. Ayer jugó como si le fuera la vida. Fue la espoleta que activó el sistema de un equipo que se contagió de su entusiasmo. Nadie corrió más que él, nadie fue más efectivo, nadie fue más entusiasta que el canario. Pedro fue el señor del partido de principio a fin haciendo efectiva una justicia poética que viene a cerrar un ciclo, esta vez sí. Lo que empezó en el campo del Premià, se cerró ayer en Madrid ante el Athletic.

De la mano de Pedro, el Barcelona empezó a descoser a la defensa de los de Bielsa desde el pitido inicial. Una jugada suya propició a los treinta segundos un chut de Messi, al minuto forzó un saque de esquina y a la salida de éste, el canario abrió las puertas de la gloria para el Barça.

Con el tanto a favor a los tres minutos, el Barça se asentó más si cabe en el partido y al Athletic se le aparecieron todos sus demonios. Los que llevaban enterrados desde el 77, los del 2009 en Mestalla y los de hace tres semanas en Bucarest. El primer derechazo había sido demoledor. 

Con el Athletic buscando su sitio, Xavi se erigió en el faro del partido y empezó a dirigir una orquesta que tocaba a un ritmo imposible de seguir para los vascos. 

Para que los fantasmas del Athletic fueran completos, Amorebieta marró en una salida de balón aparentemente fácil. La pelota fue a caer a Iniesta, este en un decir amén habilitó a Pedro quien colocó la pelota en el interior del área para que Messi hiciera lo que mejor se le da. Se advertía ayer que la combinación de final, más Calderón, más Messi es letal de necesidad. Y así fue. Al minuto veinte, 2-0 y todo el pescado vendido. El Athletic era un peso pesado que no sabía dónde ir. Si Bielsa hubiera podido pedir un tiempo muerto, era el momento.

Como un depredador que huele la sangre de su víctima, el Barça vio que era cuestión de dos arreones liquidar la final por la vía rápida y comandados por la frenética actividad de Pedro, a los 25 minutos de partido el 3-0 campaba ya en el marcador. El trabajo estaba hecho.

Otro equipo que no fuera el Athletic se hubiera venido abajo. Pero otro equipo que sea el Athletic no cuenta con esa marea rojiblanca que a pesar del baño que se estaban llevando seguía animando. La afición del Athletic Club necesita tan poco, casi nada, para volcarse con los suyos que cualquier despeje de la defensa, cualquier saque de banda cercano al área blaugrana o cualquier combinación de más de tres pases servía para que las gradas rugieran.

Aferrados a ese dóping moral que es la afición vasca, el Athletic dijo aquí estoy yo y no sólo se sacó de encima el dominio del Barcelona sino que llegó a las inmediaciones del área de Pinto. Pero ayer no era el día.

Desenlace

. El portero del Barça, inseguro como pocos en la salida del balón cuando toca jugarlo con los pies, desvió un chut que podía haber metido al Athletic en el partido y posteriormente, el árbitro no vio un penalti de Piqué a Llorente. Con el 0-3 en el marcador, al Athletic no le quedaba otra que ir a por todas en la reanudación. 

El Athletic apoyado incansablemente por su hinchada, nunca se amodorró y el Barça se puso a esperar aguardando la genialidad de Messi que sellara el partido. El argentino tuvo dos ocasiones para marcar el cuarto, pero en ambas Gorka estuvo acertado.

En la zona del Barça se empezó a cantar el "campeones, campeones" a falta de diez minutos para que se cumpliera el tiempo, mientras que en la zona del Athletic, que era la mayoritaria, se coreaba el nombre de Bielsa. 

El argentino, pese haber perdido las dos finales a las que ha llegado es el gran triunfador de este Athletic orgulloso de sus jugadores y de su estilo. Aquí hay más y Bielsa es el culpable del cambio.

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