Liga BBVA | Osasuna 2 - Espanyol 0

Abdican en el Reyno

Europa se aleja para un Espanyol que acabó con nueve.

<b>CARAS ALARGADAS. </b>Kiko Casilla (que siguió como titular el día que volvía Cristian) y Héctor Moreno tratan de encajar la derrota.
Iván Molero
Llegó al Diario AS como estudiante en prácticas en 2002, y desde que se licenció en Periodismo por Blanquerna, de la Universitat Ramon Llull, se ha especializado en la información del Espanyol, sobre el que también ha co-escrito libros, todo ello atendiendo al seguimiento de otros equipos, deportes y eventos desde la delegación de Barcelona.
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Se asoma peligrosamente el Espanyol al precipicio de la nada, a la república del quiero y no puedo, a la anarquía prolongada de esos tramos cada vez más frecuentes de aturdimiento en los que ha ido perdiendo puntos, partidos e ilusiones. Tuvo que ser precisamente en el Reyno donde el Espanyol, salvo milagro en las seis jornadas restantes -con un calendario más terrorífico a priori del que deja atrás-, abdicase de sus opciones europeas. La derrota ante Osasuna, rival directo, deja la sexta plaza a cuatro puntos, los que le toman como ventaja los rojillos gracias a los goles de Raúl García y el empuje de quienes desean de una sola tacada borrar sus penurias (el 6-0 de Vallecas) y luchar por metas de relumbrón. Sin morir en la orilla.

Que el arbitraje de Velasco Carballo tomaría cierto protagonismo se adivinó al mostrar la primera amarilla en el minuto 2. Aunque quizá equivocábamos el punto de mira, pues quien la vio fue Raúl García, el verdugo de los pericos en ausencia de Nekounam y en imitación casi perfecta de lo que Vela había obrado el sábado: desarbolar él solito a toda la zaga perica; bueno, él y el balón parado de Osasuna. Porque para cuando marcó el 1-0, en el 53' (completamente solo en la frontal del área pequeña) ya había rematado un par de veces con peligro. Y así, sin la oposición de quienes parecen confundir en los últimos partidos la defensa zonal con ceder cinco metros a los rivales, fue posible su segundo tanto, en el 69': un golazo. Recibió en el área, controló y con el interior de la bota se la picó a Casilla, titular anoche aun con Cristian de vuelta.

Un solo remate. Ya era demasiado tarde para reaccionar, sobre todo porque el Espanyol perdió la posesión del primer tiempo (45%) y apenas había realizado un remate entre palos (Héctor Moreno, que llegó trastabillado, en el 51') y que ya estaba con diez. O quizá también porque Osasuna leyó mejor el partido, con una defensa contenida, moviéndose al unísono, y unas contras tan letales como el guante que Puñal mostró en los saques de falta.

Y de ese modo, obstruyendo un servicio ajeno, había visto Coutinho su segunda amarilla, en el 54'. Tan infantil como la primera, en el 17', por un piscinazo con Velasco delante. No puede ser excusa el arbitraje, pues esa expulsión se antoja tan justa como la de Juan Forlín, que asestó un codazo a Raúl García (82') cuando sabía que ya tenía una tarjeta. Por si Europa no se alejara, ni uno ni otro jugarán ante el Valencia.

Con nueve sobre el campo y 2-0 en el marcador, el Espanyol fue una sombra de sí mismo. Estaba desquiciado, sin fuerzas además tras dos partidos en cuatro días, y Osasuna le golpeó con el látigo de la indiferencia. Ni Weiss, ni Romaric ni Pandiani impidieron abdicar en el Reyno del horror.

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