Tarde de fiesta en Vallecas
El Rayo se dio un festín de juego y goles ante un superado Osasuna que no hizo nada. Michu, que anotó por partida doble, Movilla, Diego Costa, Armenteros y Tito, los goleadores.

El Rayo pidió ayuda a Vallecas. Vallecas respondió. Y el equipo, en deuda eterna con esa grada que nunca le abandonó, respondió dejándose el alma para ofrecer el mejor partido de la temporada a los suyos. En los armarios del Rayo huele a naftalina, de la rancia, de la que echa para atrás cuando las puertas se abren y dejan escapar ese tufo a cosas mal hechas. Por eso el equipo agradece tanto ese soplo de aire fresco que le da la afición, la que siempre está ahí, se llame como se llame la persona que ocupe el asiente de honor en el palco. En una semana (otra más y ya faltan dedos en las manos y en los pies para contarlas) en la que se habló de todo menos de fútbol en el barrio, la hinchada se volcó con el equipo y le llevó en volandas para conseguir esa victoria que se consideraba clave para sellar otro año más entre la élite. Para que el milagro que es este Rayo se quedase otro año en Primera.
La mejor primera parte que se le recuerda a este equipo. Un festival de juego y goles. Frases que no llegarán a describir lo vivido en el Estadio de Vallecas en esos primeros 45 minutos. La fiesta se inició pronto, con un golazo de Movilla a los cinco minutos. Piti colgó una falta, Andrés despejó de puños y el balón le fue a caer a un pie de 37 años que la clavó junto al palo. Y tan festivo era el ambiente que incluso hubo trucos de circo, porque no hay otra manera de describir la jugada que pudo originar el 2-0 del Rayo. Piti voleó a la cruceta, Michu peleó el rechace, que acabó en el palo y volvió a rematar desde el suelo para que Andrés la sacase en la línea de gol. Todo esto, en pocos segundos y por el mismo precio de la entrada.
Pero lo que se le vino encima a Osasuna fue un huracán que dejó su área con la etiqueta de zona catastrófica. Y los culpables fueron, como viene siendo costumbre, Michu y Diego Costa. El asturiano, protagonista de la temporada franjirroja con 15 goles, es el estandarte de una campaña que promete iniciar una revolución en Vallecas si su sensacional año no se ve recompensado con una convocatoria para la Selección. El brasileño tiene ese puntito chupón y macarra que pudiera echar para atrás, pero que está destapando a un pedazo de jugador de clase ilimitada. Pues entre estos dos elementos se encargaron, en 20 minutos, de finiquitar el encuentro. En el 17', Tito doblaba a Piti por banda y ponía un balón al corazón del área que remataba de cabeza Michu. En el minuto 28 se juntaron las dos mejores características de ambos. El brasileño se marcaba un jugadón (abusando de la pelota) hasta llegar a la línea de fondo, desde donde cedió atrás para que Michu, siempre en el sitio, hiciese su segundo gol. Y faltaba otro antes del descanso. El máximo goleador rayista metía un gran pase al espacio para la carrera de Diego Costa, que llegó, controló, rompió a Roversio y la clavó de un zapatazo en el palo largo de Andrés. Era el minuto 36.
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Nótese que no se menciona jugada alguna ni apenas jugadores de Osasuna. No es fobia del cronista, es que no hizo nada. Lo único destacable fue su hinchada, que con el partido perdido aún tenía ánimos de seguir agitando sus bufandas al viento. Pero en el césped, nada. Y eso que se podía presumir que en la segunda parte el orgullo pesara más que el resultado, pero es que el Rayo era un toro de rodeo al que durante la semana le habían espoleado y ahora estaba suelto en su hábitat natural. Y pasó lo que tenía que pasar, que cayó el quinto. Una jugada de combinación que viene a demostrar que este Rayo no es un equipo que renuncie al balón y se agarre a las reducidas dimensiones de su terreno de juego. Le gusta tener la pelota, sobarla, amarla. Armenteros inició y culminó la jugada. Abrió en banda para Diego Costa, la puso en el punto de penalti para Michu, que sacó el retrovisor, vio venir al argentino y se la dejó con un toque sutil para que rubricase la manita. Y después del quinto, el sexto, un regalo para el lateral Tito, que ve así recompensada una gran temporada.
La grada gritaba "El Rayo es de Primera" y la clasificación le da la razón. 40 puntos se antojan suficientes para la permanencia de un equipo ejemplar en esfuerzo, fútbol y corazón, que compensan en el campo la torpeza de los que nunca han sudado una camiseta. Para Osasuna no es el fin del mundo. Su buena campaña es la culpable de que las dos goleadas consecutivas que ha cosechado no le descuelguen de la lucha por Europa. Una lucha en la que, con la boca pequeña, siempre ha negado estar el Rayo. Pero una vez llegado a ese automarcado objetivo de puntos, nadie impide soñar a una grada que durante dos horas se olvidó de los malos ratos y que acabó haciendo lo que más le gusta, cantando 'La Vida Pirata'.



