Un bajón inexplicable
El Atlético no hizo un buen partido ante el Zaragoza, aunque tenía ganado un punto. Al final, una acción tonta de Godín hizo que el conjunto madrileño regresara de vacío. La Champions está cada vez más lejos e ir a Europa se complica.

Decepción. Vaya por delante que si lo siento es por la afición rojiblanca, sobre todo por esos mil aficionados que al final se desplazaron a Zaragoza y estuvieron con los suyos. El día que de verdad no estén nos daremos cuenta de la importancia de tener una hinchada así, gente que deja de lado los mil problemas habidos y por haber para darle calor y color al club de su alma. Me pongo en su pellejo e imagino el viaje de vuelta. El que esto firma hizo desplazamientos con el Atlético con bufanda y bocata. Recuerdo los de Valladolid, donde el club siempre montaba caravana de autobuses, y recuerdo regresar muchas veces con una derrota. Y no hay nada peor que volver de un viaje con una decepción. Y más inesperada. Y más con la sensación de que tu equipo apenas ha tirado dos o tres veces entre los tres palos. Ahora la afición volverá a sacar fuerzas de flaqueza y apoyará ante el Hannover. Y luego ante el Getafe. Porque siempre fue así. Un diez para ella.
El penalti. Esa afición se quedó perpleja cuando Godín cometió un penalti a todas luces innecesario. Si alguno de mi equipo, el Veracruz, hace algo así, no tiene monte de Boadilla para correr. Me imagino a Rafa, el entrenador-jugador, dando voces y acordándose de los familiares de todos los del equipo. Mejor ni pensarlo, por si acaso. Me imagino cómo estará el Cholo, porque el Atlético no hizo mucho para ganar, pero sumaba un puntito. Al final, y ante tanta igualdad, un punto puede dejarte fuera de Europa. Ojalá no nos acordemos de esa acción.
Los últimos. El Atlético le asiste una fama de equipo solidario, de ponerse en la piel del otro. Y ayer hubo una nueva demostración de ello. Ante los tres últimos, el equipo rojiblanco ha sumado en esta segunda vuelta dos puntos de nueve posibles: empató en Santander y Gijón y perdió en Zaragoza. Ganar esos choques es lo que hace estar arriba.
La Champions. La diferencia es que en Santander un milagro hizo que el conjunto local no saliera goleado. Y en Gijón, Clemente también dio por bueno el punto, consciente de que el Atlético había sido mucho mejor. Pero ayer, no. Roberto no tuvo que ser el salvador de su equipo y el conjunto madrileño sufrió un bajón inexplicable. Tanto como que los jugadores no se den cuenta de lo que había en juego. Porque quedan nueve finales y lo de quedar cuartos ya es casi imposible.
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El problema. Porque si ir a Champions es una quimera, alcanzar puestos de Europa League se pone complicado. El quinto, el Levante, está a cinco puntos, y el sexto, Osasuna, nos saca cuatro. Cuidado, porque no estar entre los cuatro mejores es algo muy negativo, pero no estar ya entre los seis mejores de esta Liga es una debacle.
Vicente Calderón. Ayer se cumplieron 25 años de la muerte de Vicente Calderón, expresidente del club madrileño. Creo que es justo acordarse de los que hicieron grande a la entidad. Él seguirá pendiente del club de sus amores, allá donde esté.



