El Barça aprieta los dientes

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El Barça aprieta los dientes

El Barça aprieta los dientes

Una falta sacada por Messi que se coló con Alexis como cómplice y un remate de Piqué tras disparo del argentino al palo sellan el triunfo de un Barça que jugó muchos minutos con diez.

Ya sabemos, aunque ocultarlo era la estrategia de Guardiola, que el muerto está muy vivo. Cuando se descosió en Pamplona y quedó a diez puntos del Real Madrid la táctica fue la del disimulo, la Liga imposible con el ojo guiñado. En realidad se trataba de sumar, sumar y esperar. Lo primero lo está haciendo a martillazos: siete triunfos seguidos en Liga (nueve si se añade la Champions). Lo segundo, la espera, ha resultado más fructífera de lo esperado por los traspiés poco previstos de un Real Madrid más nervioso ahora que hace dos semanas.

Como en pasadas temporadas, el Barcelona ha recuperado su mejor nivel con la llegada de la primavera y tras una cuesta de enero que esta vez se extendió más y provocó más jaquecas. Hay jugadores que aún buscan su pico de forma (Cesc, Thiago, Pedro...) pero hay dos que están en versión imperial: Iniesta y Messi. Ellos desperezaron a un Barça que salió frío (y sin Xavi) y ellos amarraron el partido cuando su equipo se quedó con diez con más de media hora por jugar y tras una injusta segunda amarilla a Thiago. El Mallorca soñó entonces con un partido abierto y largo, con una carga épica en busca del empate, hasta que Messi e Iniesta, Iniesta y Messi, robaron la pelota y la pusieron en campo rival, inalcanzable para el aluvión de sombras rojas que la perseguían. A base de tejer y tejer, el Barcelona recuperó la seguridad y dejó sin fuerzas y sin fe al Mallorca.

El triunfo, al final, fue absolutamente justo y una muestra de que el Barcelona vuelve a ganar los partidos que antes se le enquistaron (Getafe, Montjuic, Pamplona...). Sin Abidal ni Adriano ni Alves, volvió la defensa de tres con un centro del campo frágil pero unas bandas abiertas con Iniesta y Pedro y Messi de media punta por detrás de Alexis. Guardiola viró y viró y acabó con cuatro atrás (Montoya en el lateral derecho), Keita poniendo cemento en la medular y Tello dejando su rastro supersónico a la contra. Y Messi. El argentino volvió a jugar a un nivel superior, de menos a más y de la imprecisión al gobierno del juego. El primer gol es una falta que él saca y Alexis casi peina y que sacó al equipo de la zozobra en el ecuador del primer tiempo. El segundo es un disparo suyo al palo que Pique remachó y mató el tramo final del partido. El central, por cierto y gol al margen, tuvo uno de sus mejores días de los últimos tiempos.

El Mallorca jugaba, con un césped tan alto e irregular que tampoco favoreció a su valiente planteamiento inicial, desde el optimismo de los últimos resultados (7 puntos de 9, empate en Mestalla y triunfos ante Atlético y Sporting) y desde la calma de la distancia de seguridad con respecto al descenso. Con eso y el orden de Caparrós firmó un inicio de partido notable. Se hizo con el balón porque lo recuperaba rápido y descargaba al momento a las bandas, casi siempre a la izquierda para que Chori Castro metiera en problemas a un Barça sin lateral derecho y fiado a las coberturas de Mascherano. Funcionó hasta que el primer gol del Barcelona, un balón parado mal defendido y mal protegido por Aouate, le dejó en la lona. No se recuperó hasta el descanso en unos minutos en los que bordeó el K.O. (Alexis disparó al larguero) y apretó cuando se vio con uno más pero sin ocasiones claras y sin esperanza en cuanto Iniesta y Messi pusieron el balón lejos de Valdés.

El partido era en definitiva una trampa, uno de esos que cuestan una tonelada de sudor, para un Barcelona que ya no se puede permitir ni un empate si quiere seguir soñando. Lo ganó apretando los dientes y al final con jerarquía y justicia. Con oficio y sin un ápice de pereza. Porque aunque el mensaje haya sido otro no cabe duda de que el muerto está muy vivo. Y va de caza.