Liga BBVA | Valencia 1 - Zaragoza 2

Le remonta hasta el colista

Pablo adelantó al Valencia. Roberto aguantó el asedio ché. El Zaragoza jugó con diez 70 minutos y terminó con nueve. Pañuelos en Mestalla

<b>CABREO. </b>Roberto Soldado se marchó cabizbajo y pensativo cuando acabó el partido, mientras los futbolistas del Zaragoza lo celebraban por todo lo alto.
Conrado Valle
Delegado en la Comunitat Valenciana
Delegado en la Comunitat Valenciana de Diario AS, al que llegó en 2010 para seguir y contar la actualidad del Valencia CF, al que sigue como periodista desde 1998. Pero le leerás artículos de cualquier club valenciano y de múltiples disciplinas deportivas.
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Aquellos que piensan que en el fútbol el resultado no lo es todo que vean cómo celebraban la victoria los del Zaragoza y cómo despedía a los suyos la afición de Mestalla. Después que vean repetido el partido, comprobarán que no hay causa-efecto a los méritos de unos y repertorio de los otros. Pero lo que cuenta es que ganó el Zaragoza, que buena falta le hacía (segundo triunfo a domicilio de la temporada). Lo hizo por obra de Roberto y arte de Apoño. Y de nuevo hubo pañolada para los de Emery, que a este paso van a pedir jugar siempre a domicilio (tres derrotas y un empate en los últimos cinco partidos de local).

El Valencia podría haber estado hasta bien entrada la madruguda disparando a portería que Roberto habría estado ahí parando a diestro y siniestro. En verdad el partido quedó resumido en el minuto dos del mismo, aunque a esas alturas pareciera todo lo contrario. Aduriz se plantó sólo ante Roberto y al delantero vasco el portero se le hizo enorme. Gigante. Como estuvo toda la noche. Desesperó a Soldado (quien sigue sin marcarle al Zaragoza), aburrió a Jonas, ató en corto siempre los centros de Pablo y sacó de sus casillas a Aduriz. El guardameta sólo tuvo un lunar: el gol de Pablo Hernández, aunque en su defensa bien se puede decir que la posición cuanto menos dudosa de Aduriz le quitaba visión.

Del Cerro Grande también merece su apartado en este crónica. El colegiado tuvo su protagonismo en el rumbo que fue tomando el partido, principalmente o al menos hasta el descanso. Porque al posible fuera de juego comentado de Aduriz en el gol de Pablo hay que añadir el penalti que se sacó de la manga de Dealbert a Aranda. No lo hubo. Y para cuando Apoño transformó la pena máxima y colocó el empate a uno en el marcador, Álvarez ya había visto la primera de las dos cartulinas rojas que mostró el colegiado madrileño a los jugadores del Zaragoza. Ambas justas. La de Álvarez por cortar de raíz una acción manifiesta de gol de Aduriz siendo el último defensor. La de Zuculini por dos acciones tan insignificantes como merecedoras de cartulina según estipula el reglamento. Pero no menos cierto es también que Roberto Soldado debería haberse marchado al vestuario antes de tiempo si Del Cerro Grande hubiese interpretado como agresión su codazo a Abraham. No lo pitó. No lo expulsó.

En verdad el hecho de que el Zaragoza terminara el partido con nueve futbolistas fue lo que le dio un toque heróico a su triunfo y a su vez más encendió a la parroquia de Mestalla. Porque el Valencia jugó en superioridad desde el minuto 20 y ni por esas fue capaz de cambiar la dinámica en la que ha entrado en los partidos que juega como local. Al contrario, de nuevo le remontaron un partido en el que se había puesto por delante en el marcador y en el que nada hacía pensar que iba a terminar como lo hizo. Y fue a manos de un Zaragoza que se marchó de Mestalla pensando que hasta lo de colista puede ser un cartel de quita y pon. Al menos ayer se subieron los de Manolo Jimenez a uno de los últimos trenes que les quedaba por cojer.

Del asedio al mazazo.

El resumen de la segunda mitad es el siguente. El Valencia atacaba con hasta siete futbolistas y el Zaragoza defendía con todos. Hubo un momento en el que Emery colocó a la vez en el campo a Soldado, Aduriz, Feghouli, Pablo, Jordi Alba, Jonas y Parejo. Pero Roberto no se intimidó lo más mínimo. Llegaba y llegaba a su área y o no le disparaban o cuando lo hacían los delanteros blanquinegros sólo buscaban su cuerpo. Manolo Jiménez supo mover sus fichas. Con el empate el Zaragoza se hubiera dado un canto en los dientes, aunque también es cierto que en todo momento se dejó abierta la puerta a la sorpresa mayúscula y la logró. Con los cambios fue recolocando a los delanteros pero siempre dejó en su sitio a Lafita. Y llegó la jugada que devuelve la ilusión al zaragocismo. Dealbert se hace un lío en el despeje, Lafita pelea contra él y también ante Rami, logra pisar el área de Guaita y ve la llegada de Apoño. Zapatazo. Gol. Abrazos para unos; pañueños para otros.

l Valencia, pese al desenlace, se le puso de cara la noche. Venía con la moral alta de La Catedral y Pablo, en el nueve, con Aduriz en fuera de juego, firmó el primero. Para mayor depresión del Zaragoza Del Cerro Grande expulsó en el 20 a Álvarez. Pero a los de Manolo Jiménez el colegiado se la 'compensó'. Penalti que no era de Dealbert sobre Aranda. Empate. El resto de la velada fue un asedió blanquinegro, pero podrían haber estado hasta la madrugada disparando y Roberto parando. Y en una contra de Lafita, gol de Apoño. El Zaragoza hasta aguantó con nueve tras expulsión de Zuculini.

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El detalle: no dudó en la roja a Álvarez

Del Cerro Grande no dudó lo más mínimo a la hora de expulsar a Álvarez. Como indicó en el ácta lo hizo "por derribar a un abversario impidiendo una manifiesta ocasión de gol". Manolo Jiménez protestó mucho la acción, aunque Aduriz se marchaba sólo a la meta rival.

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