Liga BBVA | Betis - Espanyol

Un Betis pre-canguelo

El Espanyol mira a Europa y los locales al descenso

<b>SU DERBI. </b>El ex nervionense Romaric posa con varios aficionados pericos tras llegar a Sevilla.
José A. Espina
Jefe de Sección en la Delegación de Andalucía
Jefe de Sección de Diario AS en Andalucía. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Sevilla. Pegando teclazos desde 1998, durante toda una década en Madrid (2000-2010). Sevilla, Betis, Selección española y lo que se ponga por delante. Loco por el fútbol, guarda un poco de esa pasión para su otro deporte favorito, el tenis.
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Es la historia de aquel bético antiguo que llevó a un amigo al Villamarín con intención de evangelizarle. Faltando 20 minutos, con 2-0 (doblete de Alfonso) para el Betis, su colega suspiró feliz: "Me estreno con victoria". Pero el viejo verdiblanco le contradijo: "Esto es el Betis. Así que no ha acabado". Corría la campaña 99-00, la del penúltimo descenso, y el Espanyol convirtió en sangre aquel oráculo con un 2-5, es decir: la mayor remontada que ha recibido el Betis en su historia. No había acabado, no.

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Y sigue todavía. La herida blanquiazul no se ha cerrado. Ni siquiera Madrid o Barça han hecho desde entonces tanto daño como el Espanyol, al que el Betis, de local, apenas logró ganar una vez de las últimas 13. La estadística da miedo, sólo rebajado por las ausencias pericas. No viene Sergio García, propenso a liarla por su pasado bético, ni tampoco Verdú, para el que el propio Pochettino confiesa no tener sustituto natural. El Espanyol rotará entre los Coutinho, Álvaro y/o Uche, pero afronta el envite con más por ganar que por perder. Anda a un punto de Europa y eso es un premio, no una condena.

En las antípodas de esta Liga apretada vive Mel, profesor por cierto de Pochettino en la escuela de entrenadores. En Cornellá sufrió a un alumno aventajado y hoy tratará de meterle mano por las bandas. Un punto de los últimos 12 provocan que el Betis mire sin timidez la zona de descenso. Así que hay que ganar para que el estado de canguelo no se declare, para que el partido del domingo ante el Racing no tome tintes de final. Ya se sabe: las finales, o los finales como aquel 2-5 de Galca y Tamudo, nunca fueron un plato que se digiera fácilmente en Heliópolis.

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