Basora, eslabón de la leyenda de los extremos
Llevaba el número 7 a la espalda y jugaba con la modestia de un lateral y la convicción de un delantero.
Estanislau Basora, que murió en Gran Canaria el viernes a los 85 años, llevaba el 7 a la espalda con la modestia de un lateral y con la convicción de un delantero.
Hizo historia en el Barça, y no sólo en la voz de Serrat, que lo colocó en la más mítica de las delanteras azulgrana, porque se tomó en serio ese puesto de servidor nato al delantero centro o a los otros delanteros.
Esa gestión eficaz del recurso de la banda, que en las últimas décadas los entrenadores han entregado a laterales como Roberto Carlos o como Alves, le dio a Basora aromas de leyenda. Su grandes cómplices desde la banda fueron César y Kubala, a los que Basora trató como amigos fuera del campo y por los que profesó una devoción que regaló también para muchos otros, pues era un futbolista sin ego, algo que en un tiempo fue muy propio de los que corrían la banda como él. Sus centros, dijo Biosca, un compañero de aquellas alineaciones de leyenda, "siempre acababan en la cabeza de César".
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Al contrario que Gento, que quizá es el más legendario de los delanteros españoles de la banda, distinguió a Basora la capacidad de aguante táctico; mientras que el cántabro era justamente llamado la Galerna del Cantábrico por la capacidad atronadora de sus escapadas, Basora jugaba a la espera; él veía situarse a los suyos y entonces los buscaba con la precisión de un alquimista. Fue por eso el gran amigo de César, cuya capacidad goleadora ahora trata de emular Messi. En el Barça, Basora, que jugó 373 partidos como azulgrana entre 1946 y 1958 (y 23 con la selección), creó un estilo que Pep Guardiola replicó muchos años más tarde; ahí están, con la impronta Basora, Cuenca y Pedrito, y ahora está Tello, corriendo la banda por delante de Alves o de Piqué, y sirviendo de delanteros natos para que otros quizá más hábiles en las instancias rematadoras (Messi, sobre todo) acaben con éxito la inspiración de las bandas.
Tenía el valor de la humildad, con la que también se refirió a sí mismo, como si se quitara de la camiseta el aire legítimo de su leyenda. Su carrera fue larga e importante, pero él la vivió como un sueño: "Jamás me imaginé que triunfaría en el fútbol". Acaso por eso fue grande, también.



