Que pase el siguiente

Liga de Campeones | REAL MADRID 4 -CSKA MOSCÚ 1

Que pase el siguiente

Que pase el siguiente

Victoria sin pasión y clasificación a cuartos. El Madrid fue superior y el portero ruso ayudó en lo que pudo. Goles de Higuaín, Cristiano (2) y Benzema.

Buen partido para la estadística, insustancial para el recuerdo. Bueno para el corazón de bombear, malo para el corazón de emocionarse. Hay resultados que dentro de cincuenta años, en el último facsímil de la historia del Madrid, serán la evocación de una gran noche, pero que no fueron apenas nada. La conquista no es despreciable: cuatro goles en Copa de Europa, cuartos de final y como víctima un equipo ruso, con lo que será Rusia dentro de medio siglo. Sin embargo, pasados diez lustros sólo habrá un anciano en el mundo capaz de recordar, hasta el mínimo detalle, lo que ocurrió anoche: el venerable Sergei Chepchugov, portero con cicatrices.

El guardameta del CSKA, destacado en la ida, colaboró ayer, sin quererlo, en dos de los goles del Madrid. Su equipo hubiera caído de igual manera, no habrá quien lo dude, pero por sus guantes antiadherentes se perdió un partido heroico y quién sabe si un contrato mejor o un futuro más cálido.

El primer puñal le entró por el esternón. Con el partido en el alero del 1-0, Cristiano aprovechó un claro en el bosque de piernas rusas para sacudir un derechazo de los suyos. El balón se le aproximó con cara de gárgola y Chepchugov le tuvo miedo. En su paso atrás estuvo el crimen y el castigo. La pelota botó en sus barbas y le atravesó el espíritu. El CSKA no sólo tenía la eliminatoria casi perdida; también había extraviado a su portero.

En los minutos siguientes, pese a todo, el visitante ruso tuvo la oportunidad de agarrarse a una mínima esperanza. Después de un gol bien anulado a Doumbia, el mismo protagonista desperdició un balón de oro regalado por Casillas en una mala salida. Si quiso buscar la escuadra o al compañero invisible no se sabe ni se sabrá.

Doumbia también podrá hacer un buen relato de lo sucedido. Si existe el poder de corregir los errores de tanto repasarlos, es posible que dentro de cincuenta años Doumbia haya estrellado en los palos los goles que ayer falló; el primero, a los siete minutos.

Lo cierto es que el Madrid fue el responsable de que el CSKA tuviera más vida de la prevista. No salió bien: ni cómodo, ni arrebatado. Probablemente le costó simular una conjura cuando no había ni rival ni marcador para tal cosa, sólo vídeo promocional. Salió, pues, a pasar la noche, trotón y confiado en que algún pase entre líneas descubriría en ropa interior a la esforzada defensa rusa. Y no se equivocó mucho. Entre Khedira y Kaká fabricaron un jugada que terminó a los pies de Higuaín, que casi se encontró el atún prendido del anzuelo.

Bajón.

Otro diagnóstico podría indicarnos que el Madrid atraviesa el lógico bajón de los equipos que viven al límite durante muchos meses. Se nota en el ritmo, más sincopado. Y en los respiros, más intensos. Donde había motosierra ahora hay calculadora.

Chepchugov también falló en el tercero. El balón le sacó la lengua y Benzema marcó a los 32 segundos de sustituir a Higuaín. Se sintió como un gol, pero también como un modo de marcar el terreno. Tosic salvó el honor con un trallazo y Benzema regaló el cuarto gol a Cristiano, el único que no dolió a los rusos, porque ya estaban muertos.