Liga BBVA | Sporting 1 - Sevilla

La ley de El Molinón le da otra vida al Sporting

André Castro tumba a un Sevilla que se aleja de Europa

<b>EL GOL DEL TRIUNFO. </b>Fernando Navarro, Barral y Palop ven cómo el disparo de André Castro entra en la portería del Sevilla.
Juan Jiménez
Redactor Jefe
Redactor jefe de AS. Fue colaborador en AS (2000-04) y, después de pasar por Málaga Hoy, regresó como jefe de Sección en Málaga. Delegado de Andalucía entre 2009 y 2012, colaboró en la integración digital-papel de AS en Madrid. Cubre la información del Barça y la Selección de baloncesto. Tres Juegos Olímpicos. Colaborador de SER, Canal Sur y Gol.
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El Sporting vive desde hace cuatro años de su fe en los milagros. Con un presupuesto limitadísimo, con una plantilla equilibrada por lo bajo, su fútbol, admirable de espíritu, roza lo primario por pura cuestión de materia prima. Así lo entendió su gente, que sufrió una década en el pozo, y se considera parte del equipo. El Molinón juega y tiene su ley, la que ayer permitió al Sporting ganarle al Sevilla y tener una vida más en esa carrera agónica por sobrevivir en Primera. Nadie debe engañarse, el Sporting lo tendrá difícil. Su actitud ayer, sin embargo, también es la prueba de que tendrá vida hasta el final.

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Al Sevilla lo mandó a la lona un golazo de André Castro, ese prometedor mediocentro portugués procedente del Oporto que detectó bien un agujero entre las líneas defensivas del Sevilla. Levantó la mano, pidió el balón al espacio, y allí le llegó. Su gesto técnico, control con la derecha y volea con la izquierda, sorprendió a todos, incluido a Palop, inmóvil en un balón que describió una trayectoria imparable. El gol premió la primera hora del Sporting, que jugó el partido que el Sevilla esperaba. Fiero, intenso, provocador y canchero (especialmente Gregory). Tan sabedor de que se jugaba la vida que traspasó el umbral del reglamento en varias entradas a Nava. Ley de la supervivencia.

El Sevilla no se borró, pero tampoco jugó con el cuchillo entre los dientes. Acumuló oportunidades: un cabezazo al palo de Perotti después de un espectacular centro de Navas, un disparo arriba del mismo Jesús con la izquierda después de un pase de Rakitic, un lanzamiento del croata solo dentro del área que se fue al limbo... Y algún remate más que atrapó Juan Pablo. Seguramente no mereció perder, pero el Sevilla perdió el hambre hace tiempo y su frenazo ayer le deja lejísimos de Europa. Para el Sporting, el partido fue un sufrimiento después del gol pero tiró de las artes necesarias para conservar un resultado que le da vida. Míchel quiso darle un perfil más creativo al Sevilla con Trochowski y Campaña, pero El Molinón tiró papelillos rojos y blancos de papel y defendió su casa. Y el Sevilla no pasó. Y el Sporting sueña.

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