Una visita inesperada en Capbreton

Guardiola y Clemente, han tenido una peculiar relación. Defensores de sistemas de juego contrapuestos, se tienen un enorme respeto que se consolidó una tarde de primavera del año 98 en Capbreton, sur de Francia.
Ahí Guardiola estaba luchando contra el crono. Sufría una lesión de isquiotibiales que ya le tenía tres meses sin jugar y faltaban dos más para el Mundial de Francia. Pep alargaba obsesivamente las sesiones de recuperación para llegar a la cita, pero veía que todo iba muy lento.
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Dos años antes, Clemente le había dejado fuera de la Eurocopa 96 porque apenas había participado en la fase clasificatoria. Al actual técnico del Barça le dolió, pero lo aceptó. Con el Mundial era diferente. Pep se había currado la fase clasificatoria y acabada esta, se lesionó.
Un día, apareció Clemente en Capbreton, se llevó a Pep a comer y le dijo -según cuenta él mismo en La meva gent, el meu futbol- "esta vez te lo mereces, te espero hasta el último día. Si puedes, vienes". El día antes de hacerse oficial la lista, Pep, cogió el teléfono y llamó a Clemente y le dijo que no. Que no podía, que perdía el tren. Se perdió un Mundial, pero se ganó un respeto.



