Guardiola o el arte de morderse la lengua
Pep es una olla a presión a punto de estallar contra los colegiados


Es esclavo de su palabra, pero el cuerpo le pide marcha. La misma que le pedía cuando era jugador. En esa época, Guardiola fue expulsado diez veces. La inmensa mayoría, por protestar al colegiado de turno. Cuando pasó a los banquillos, se prometió que esa fogosidad no le volvería a traicionar. Aun así, como técnico ha sido expulsado cuatro veces. Por eso se impuso el autocontrol de decir públicamente que, fuera del campo, él nunca criticaría a un colegiado. En el césped, se contiene poco, pero como recuerda a menudo: "Cuando me siento en la sala de prensa represento a una institución". Ganas de cargar contra los árbitros le han sobrado, pero siempre se ha retraído al recordar que él mismo había manifestado en público que no hablaría de eso. "Lo dije para censurarme", recordó hace poco.
Y es que traicionar ese principio supondría abrir el campo a las críticas de los que dan por seguro que Guardiola es un tipo de doble moral que cambia según va segundo o va primero. Lo cierto es que Guardiola vive en continencia y a veces, se desparrama como hizo en el Santiago Bernabéu antes de la ida de semifinal de Champions de la temporada pasada en la mítica conferencia de prensa de "el p... amo".
Ahora, pasa más o menos lo mismo. El vestuario barcelonista se siente agraviado directa e indirectamente por las decisiones que favorecen al Real Madrid en caso de duda. Fuentes próximas al vestuario blaugrana confirmaron a este diario que "el equipo está muy caliente con las decisiones arbitrales, tanto por las que les afectan a ellos como las que atañen al Madrid y están planteándose liarla de una vez".
No obstante, esa actitud de salir a denunciar los penalties escamoteados en Anoeta, Valencia, Gijón o Cornellà, más los goles anulados en Getafe y Pamplona unido a la tolerancia arbitral que la caseta blaugrana cree que mantienen los colegiados con sus rivales, a los que permiten repartir estopa con un bajísimo índice de amonestaciones, choca con el relato que ha construido el Barça desde que Guardiola llegó al banquillo.
En esa época, el Barça ganaba y quejarse ahora sería la excusa perfecta para acusar a este grupo de oportunismo. Pero en el otro lado, existe entre los culés la sensación de hacer el canelo. De no saber hacer lo que sí hizo el rival, que se hartó a criticar árbitros cuando era segundo y que ahora ve como en caso de duda en Vallecas, Mallorca o Mestalla siempre se falla a su favor.
Noticias relacionadas
Hablar en clave. Por esta autoimposición de llevar la vitola de equipo que no se queja de los árbitros, Guardiola y el Barça son, a día de hoy, una olla a presión a punto de estallar. Llevan mucho tiempo mordiéndose la lengua para no traicionar los principios que abrazaron, pero la paciencia tiene un limite.
La solución, por tanto, la tienen en hablar en clave. En dejar mensajes abiertos bajo la duda de "¿hablamos de puntos o hablamos de árbitros?". Así pues, tras empatar en Villarreal, el técnico dijo que "el Madrid perderá muy pocos puntos... por muchas razones", mientras que el domingo ya dio la Liga por perdida. "No creo que lleguemos a atraparlos". Frase que ha generado múltiples interpretaciones. Una de ellas, la de Vicente Del Bosque en Catalunya Ràdio, dijo "Pep habla claro, no es retorcido". No todos piensan igual.



