La rebelión de Cenicienta

champions league | basilea 1 - bayern 0

La rebelión de Cenicienta

La rebelión de Cenicienta

Un gol de Stocker en la recta final y el partidazo del guardameta Sommer, claves en el triunfo de un Basilea muy serio ante un Bayern que fue superior pero que no aprovechó sus ocasiones.

El Basilea parecía el invitado agradecido de los octavos de final de la Champions, amable telonero llamado a mirar todo con los ojos como platos y pasar de puntillas sin romper nada, feliz por estar allí y salir en la foto. Pero el Basilea, conviene recordar, superó la liguilla dejando fuera al Manchester United y sin un ápice de fortuna en el sentido más prosaico de la palabra. Jugó bien, compitió y sudó su lugar entre los mejores, un sueño que casi le birla en el parón invernal la disputa entre Sion y UEFA con la consiguiente amenaza de sanción al fútbol suizo.

El Basilea no tiene un nombre que pone en guardia ni una historia para editar enciclopedias pero es un buen equipo de fútbol, capaz de sobrevivir como mínimo hasta la vuelta de octavos, vivo y coleando. Y que tiren la primera piedra los ilustres que ya no pueden decir lo mismo. Seguramente su sueño acabe en Munich pero quizá no. Y esa duda, más o menos razonable, y habérsela ganado le convierten en protagonista de una de las historias más bonitas del año, una de esas que de vez en cuando necesita el fútbol. Es Cenicienta pero es una Cenicienta tozuda y orgullosa. Y le ha regalado al Bayern un tembleque que le va a durar las próximas tres semanas. Pase lo que pase en el Allianz Arena, esos son los hechos. Y para el Basilea eso es mucho.

Para el Bayern, anfitrión de la final y alternativa de consenso a Real Madrid y Barcelona, quedan el susto y las dudas. Cuesta imaginarse al Basilea saltando la banca en Baviera y cuesta imaginar apuñalado tan pronto al guardián de una de las más regias tradiciones del fútbol europeo y bastión del orgulloso espíritu alemán. Pero el Basilea está ahí y su sombra se ha alargado un poquito más sobre la orgullosa casta que gobierna el fútbol continental. Consiguió marcar, consiguió dejar su portería a cero y todo lo demás, todo lo que venga, lo tiene que poner su rival.

Noche de porteros y postes

El partido tuvo un primer tiempo brillante y un segundo de perfil mucho más bajo. El Bayern no pudo imponer galones ni un uno ni en otro. Primero permitió el intercambio de golpes y falló sus ocasiones. Después dominó y dominó, amasó y amasó pero creó poco y encajó un gol en el tramo final del partido. A Vogel, que dibujó a su equipo ordenado y lleno de sentido, le bendijeron los cambios porque los nuevos reventaron el partido: Zoua metió un pase perfecto a Stocker, que marcó un gol que quizá no hacía justicia por puros méritos futbolísticos pero sí por diferencia de calibre. El Basilea hizo más con mucho menos y no hay regalo, gol cerca del final, más merecido que el que premia eso.

El equipo suizo resistió ordenado toda la segunda parte, replegado y con más seguridad que en el primer tiempo, en el que escapó a la salida en tromba del Bayern y remató dos veces al palo, una de ellas tras parada impresionante de Neuer. Un equipo bien construido y propulsado por Saquiri, un jugador superior que el próximo año estará... en el Bayern. Pero seguramente el gran nombre del partido sea el de Yann Sommer, un joven portero de 23 años, buena planta y excelentes reflejos, que tuvo una actuación excelente con paradas decisivas y de toda categoría: disparos lejanos, a bocajarro, mano a mano o con efectos envenenados. Esa es la coartada del Bayern, que también puede agarrarse a un penalti no pitado a Olic ya en el descuento.

Pero más allá de eso y de que salvo cataclismo tiene la eliminatoria muy a tiro, el Bayern debe lamentar que enseñó las carencias que le pueden condenar ante rivales la realeza (volvamos a Barcelona y Real Madrid): débil en defensa y nada imaginativo en el centro del campo, con Robben en versión discreta y Mario Gómez algo sin la excepcional puntería del primer tramo de la temporada. Sin Schweinsteiger, lesionado, y hasta el tramo final sin un Müller que comenzó en el banquillo y mejoró a su equipo en cuanto pisó el campo. Un bloque con enormes virtudes y notables defectos. Eso unas veces da títulos y otras produce desgracias históricas. El Bayern, anfitrión de la final, sale de Suiza más cerca de lo segundo que de lo primero pero con noventa minutos por delante para sofocar la rebelión de Cenicienta.