Egipto hace del fútbol el avispero de la revolución
Otros cuatrocientos heridos en las protestas tras lo de Port Said


La inestabilidad política, social y económica en Egipto tras la revolución del 25 de enero del año pasado convirtieron en un avispero el estadio de Port Said, en el que 74 personas perdieron la vida y más de mil resultaron heridas, en un balance aún provisional, tras el enfrentamiento entre ultras y seguidores del Al Masri y el Al Ahli. Tras los sucesos de la noche del miércoles, el caos se extendió ayer por todo el país. Hubo manifestaciones y protestas. Las más importantes en El Cairo, donde se contabilizaron otros cuatrocientos heridos tras los enfrentamientos entre la multitud y la Policía. Los observadores internacionales temen que sea el inicio de otra ola revolucionaria, la que utilizó el fútbol como excusa.
Los militares, los políticos y la Policía se cruzaron ayer acusaciones que, lejos de ayudar a esclarecer los hechos, generaron más confusión. La ONU y la Unión Europea reclamaron "una investigación profunda y la depuración de responsabilidades". El primer ministro egipcio, Kamal Ganzuri, asumió su responsabilidad, mientras el presidente del Parlamento egipcio, el islamista Saad Katatni, afirmó que la tragedia fue debida a la "deficiencia y la negligencia" de los aparatos de seguridad, según informó Efe.
Acusación.
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Pero fueron los Hermanos Musulmanes, que ganaron las elecciones parlamentarias y deben tomar el relevo de la Junta Militar que aún gobierna el país, los que pusieron el dedo en la llaga al acusar a las fuerzas de seguridad de "mirar para otro lado" durante los graves incidentes. Algunos van más allá: acusan a la Policía de instigar a los radicales. Los jóvenes que impulsaron la revolución desde la plaza de Tahrir, hace un año, sospechan de la Junta Militar que gobierna Egipto desde la caída del presidente Mubarak: "La Junta militar quiere demostrar que el país va al caos, son gente de Mubarak y aplican la misma estrategia que seguía él", dijo a Reuters Mahmud al-Naggar, miembro de la Coalición de la Juventud Revolucionaria en Port Said. El objetivo sería evitar "una transición pacífica y abortar la democracia".
Los ultras del Al Ahli se significaron en las revueltas contra Mubarak y fueron protagonistas en las protestas de la plaza Tahir. Hoy acusan a las fuerzas de seguridad egipcias, en las que siguen los mismos mandos que en la época de Mubarak, de instigar y consentir la matanza de Port Said.



