Copa de África | El análisi

Libia, la pasión del fútbol por encima de todo

Julio Maldonado
Importado de Hercules
Actualizado a

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País devastado por la dictadura, llegó la guerra, el cambio brusco pero la misma pasión e ilusión por el fútbol, por la Copa de Africa. Libia, cuyo campeonato local tenía en 1993 una media de 30.000 espectadores por partido, más de cincuenta mil en los de la selección. El permanente apellido Gadafi y no sólo por el dictador. Su hijo Saadi tuvo como entrenador personal al mismísimo Ben Johnson. Libia, que pidió organizar el Mundial 2010 que acabó en Sudáfrica, que organizó un Juventus-Parma de Supercopa italiana en Trípoli, que tuvo a Jehad Muntasser en la Triestina de la serie B y le convirtió en héroe nacional. Incluso le bautizaron como el Totti libio, ejemplo de la adoración por el fútbol italiano. Libia, que llegó a ser entrenada por Eugenio Bersellini, un sargento de hierro que pasó por Inter, Fiorentina o Torino. Una compañía libia llamada Zafico llegó a ser segunda accionista de la Juventus tras los Agnelli. Cuando Saadi Gadafi le entregó la Supercopa a Del Piero pocos podían imaginarse que el propio Saadi llegaría a jugar en la Serie A con el Perugia. Poco, eso sí. Y mal, verdad. Y mucho menos el final de la historia. Cayó el régimen, no la pasión por el fútbol. Y por eso hay muchas expectativas en este torneo. Falló ante Guinea Ecuatorial y no se atrevió a ir a por el partido. Mejoró ante Zambia, con Ahmed Osman como héroe. Dos goles para el delantero del Club Africain tunecino. Sacó un empate y aún sueña con pasar, algo que sería milagroso. Necesitará atreverse del todo ante un Senegal

País devastado por la dictadura, llegó la guerra, el cambio brusco pero la misma pasión e ilusión por el fútbol, por la Copa de Africa. Libia, cuyo campeonato local tenía en 1993 una media de 30.000 espectadores por partido, más de cincuenta mil en los de la selección. El permanente apellido Gadafi y no sólo por el dictador. Su hijo Saadi tuvo como entrenador personal al mismísimo Ben Johnson. Libia, que pidió organizar el Mundial 2010 que acabó en Sudáfrica, que organizó un Juventus-Parma de Supercopa italiana en Trípoli, que tuvo a Jehad Muntasser en la Triestina de la serie B y le convirtió en héroe nacional. Incluso le bautizaron como el Totti libio, ejemplo de la adoración por el fútbol italiano. Libia, que llegó a ser entrenada por Eugenio Bersellini, un sargento de hierro que pasó por Inter, Fiorentina o Torino. Una compañía libia llamada Zafico llegó a ser segunda accionista de la Juventus tras los Agnelli. Cuando Saadi Gadafi le entregó la Supercopa a Del Piero pocos podían imaginarse que el propio Saadi llegaría a jugar en la Serie A con el Perugia. Poco, eso sí. Y mal, verdad. Y mucho menos el final de la historia. Cayó el régimen, no la pasión por el fútbol. Y por eso hay muchas expectativas en este torneo. Falló ante Guinea Ecuatorial y no se atrevió a ir a por el partido. Mejoró ante Zambia, con Ahmed Osman como héroe. Dos goles para el delantero del Club Africain tunecino. Sacó un empate y aún sueña con pasar, algo que sería milagroso. Necesitará atreverse del todo ante un Senegal desahuciado.

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