El Valencia golea y llama a la puerta de la semifinal
Jonas, Soldado, Piatti y Costa eclipsan el golazo de Koné.


Anoche en Mestalla hubo un derbi de frenesí copero durante la primera mitad y bronco en la segunda. Cuatro goles antes del descanso; doce amarillas y piques constantes tras la reanudación (Ballesteros estuvo en todos y la cosa fue a más a raíz de un pisotón -aparentemente involuntario- de Soldado a Cabral). Al final fueron cinco los goles que se vieron en Mestalla, siendo el último, el de Tino Costa en el descuento, el que si no deja la eliminatoria resuelta... casi. En realidad, digamos que no lo está del todo por aquello de que hasta el rabo todo es toro y, principalmente, por un golazo de Koné que hace que el Levante 'sólo' tenga que endosarle tres a los che en la vuelta.
Una de las claves en el fútbol es convertir en virtud los errores del rival. Ayer el Levante cometió unos cuantos y el Valencia los aprovechó. Un ejemplo. En qué estaría pensando Pallardó cuando, habiendo varios de sus compañeros en el área de Diego Alves, se puso a controlar y tocar en la media con Soldado presionándole. Pasó lo normal. Recuperación, contragolpe y en tres toques, Soldado a Pablo y éste a Jonas, balón a la red. Otro. Javi Venta no tuvo mejor ocurrencia que dejar un balón muerto en el área con Soldado merodeando por ella. Dos a cero.
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Posiblemente, si el partido hubiera sido de Liga, ese gol del '9' hubiera puesto el punto y final al derbi. Porque el Valencia tenía más claras las ideas y al Levante le costaba Dios y ayuda dar tres pases. Para colmo de males granotas, Barkero sumaba su nombre a la lista de lesionados que están mermando el limitado potencial de Juan Ignacio. Pero la Copa es la Copa y el gol de Koné hizo dudar a unos y metía en la eliminatoria a los otros. Ni tan siquiera con el tanto de Piatti (con un toque psicológico por ser al filo del descanso y anímico para el argentino que necesitaba estrenarse) se daba por resuelta la eliminatoria. Quedaban 45 minutos y el Levante ya había hecho daño a la contra.
Pero lo dicho, nada que ver un tiempo con otro. Los minutos pasaron entre collejas, careos y tanganas. El fútbol sólo volvió a aparecer muy al final, cuando Alves salvó al Valencia de las garras de Koné; y Tino, con fortuna, firmó el 4-1.



