Dos maneras de mirar el derbi: ilusión o presión
El Betis vive un momento dulce y el Sevilla es todo dudas


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El sábado (22:00 horas, La Sexta) vuelve a pararse Sevilla. Un derbi único en el mundo. El de las familias enfrentadas, las oficinas y las tertulias de bar. El derbi del honor, de la pertenencia a una clase, bética o sevillista, que regresa después de dos años durísimos en el Real Betis, que se iba a pique institucional bajo el régimen de Lopera, al que había superado el tiempo. El Betis regresa con nueva piel. De la mano de Pepe Mel, promotor de la idea, y de una nueva clase dirigente que transmite frescura, nuevo tiempo. El Sevilla mantiene las gloriosas bases que le han dado seis títulos y un carné europeo anual. Una estructura consolidada frente a la incipiente del Betis. Un ambiente sano, con las dos entidades de la mano en todos los actos, unidas en el conflicto televisivo, en la realidad social de la ciudad, con el espíritu de Puerta presente. Sólo separadas al salir del vestuario.
Ahí, en el césped, están seguramente la mayores diferencias emocionales de este prederbi. El Betis aterrizó de Barcelona eufórico, con loas en las crónicas a su juego y la mejor posible: la de Xavi Hernández. Su única inquietud es la baja de Mario, que probablemente será cubierta por el sorprendente Cañas. Superada la galopante crisis de los diez partidos sin conocer la victoria, se ve en un momento dulcísimo y con una estrella, Roque Santa Cruz, que al fin ha recibido a sus musas. El Sevilla, mientras, está más tristón. Sin gol y con su estrella, Negredo, ofuscada. Con Kanouté fuera de combate y con altercados jugadores-afición. Pero con una plantilla, libra por libra, mejor. Todo esto, claro, es teoría hasta el sábado. Desde las 22:00, papel en blanco.



