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Ganó la suerte, pasó el talento

Copa del Rey | Málaga 0 - Real Madrid 1

Ganó la suerte, pasó el talento

Ganó la suerte, pasó el talento

Benzema marcó en el único error de Willy Caballero. El Málaga plantó cara, pero le faltó el gol. El Madrid espera en cuartos de final al Barcelona.

Willy Caballero, coriáceo portero del Málaga, contuvo anoche las más perversas arremetidas del Madrid y las no menos peligrosas ocurrencias de sus centrales. A todo eso se sobrepuso, dejando algunas paradas que, en condiciones normales, le hubieran convertido en héroe, tres ases indiscutibles, quién sabe si portada de los periódicos. En ese punto se encontraba cuando un disparo sin potencia ni dificultad aparente se coló entre sus guantes y sus piernas. Le hubiera bastado una sotana o, incluso menos aún, cambiar el apretado slip por el boxer libertario. En general le hubiera sido suficiente con un poco de suerte. Él será el último en olvidar que, en el total de la eliminatoria (4-2), el Málaga se ha marcado dos goles, el suyo, ayer, y el que regaló Sergio Sánchez en la ida.

El Málaga cayó de esa forma, pero estoy por afirmar que hubiera caído de cualquier otro modo. Es mejor el Madrid, simplemente, aunque su eliminatoria haya sido vulgar a ratos. Ayer mismo volvió a dejar demasiados cabos sueltos. Durante muchos minutos el partido estuvo en el lugar que quería el Málaga. Y no es que el equipo de Pellegrini jugara bien, o no del todo ni todo el tiempo, pero la prolongación del empate sin goles era la prolongación de la esperanza. El planteamiento no era malo: el primer objetivo, aun antes que el gol, era continuar con vida. Y con ese objetivo se entregó el balón al Madrid. La decisión protegió al Málaga del temible contragolpe de su rival y dejó en evidencia los problemas de creación del llamado "triángulo de presión muy alta", trivote formado por Xabi, Khedira y Lass.

Remate. El resultado es que en la primera parte el anfitrión alcanzó la portería en mejores condiciones. En ese primer tramo, Cazorla ejerció de genio y Van Nistelrooy se manejó como aquel Sabonis cojo que suplía con inteligencia sus achaques físicos. Faltaba el gol, pequeño detalle. Los balones colgados desde las bandas no encontraban rematador (no lo había) y sólo los disparos lejanos de Eliseu quemaban las manos de Casillas.

El Madrid, entretanto, dominaba el juego como quien pone sellos en un formulario. La rutina sólo era interrumpida por el trágico alboroto que generan Demichelis, Mathijsen y, últimamente, por contagio, Sergio Sánchez. Ellos fueron los principales aliados de los atacantes del Madrid con acciones desconcertantes que encajan en la definición de fuego amigo.

La mejor ocasión visitante la tuvo Khedira en el 39' y allí se dejó el gol y la salud. Dos minutos después, ya con Özil sobre el campo, el Madrid disfrutó de su primer contragolpe y acto seguido un cabezazo de Sergio Ramos lamió la cepa de un poste. Con esa música arrancó la segunda parte y con ese ritmo terminó el partido.

A Özil se sumó Marcelo (por Kaká o por su sombra) y la contra del Madrid se hizo incontenible. La defunción del Málaga fue cuestión de tiempo. Caballero salvó la primera emulando a Gordon Banks y la segunda la evitó el fuera de juego de Higuaín. La tercera se la marcó el diablo, en estrecha colaboración con Benzema, delantero que mete lo que tira bien y lo que tira peor. Nada se puede oponer contra la fortuna. Poco contra el talento.