Miguel García: "Gracias a un desfibrilador vivo"
El jugador promociona el aparato que le reanimó.


La serenidad con la que hoy pasea su experiencia contrasta con esas imágenes que ya nadie puede borrar de su memoria, las del 24 de octubre de 2010, cuando en plena disputa del Salamanca-Betis, en el Helmántico, Miguel García cayó fulminado sobre el césped. Mientras sus compañeros, los rivales y la afición se echaban las manos a la cabeza y surgían ya lágrimas de desesperación, la vertiginosa intervención de los médicos de ambos clubes y de la Cruz Roja pudo mantenerle con vida tras un paro cardíaco. Él tuvo que abandonar el fútbol profesional, pero sobrevivió y ahora dedica su tiempo a prevenir para que otros obren el mismo milagro. La clave estuvo en el uso del desfibrilador, aparato que ayer presentó en primera persona en la ciudad deportiva del Espanyol.
"Echando la vista atrás, queda claro que aquel no era mi día para dejar la vida", asegura García. "Por suerte, el Helmántico estaba dotado de un desfibrilador -medida que se acabó de unificar en España tras la desgraciada desaparición del sevillista Antonio Puerta- y en un minuto, los médicos ya lo tenían en el césped para reanimarme. Hoy vivo y estoy aquí gracias al desfibrilador", remata. "Es por eso", abunda, "que la vida continúe y, en mi caso, ésta pueda ser normal, sin secuelas. Yo puedo hacer deporte, no me han prohibido nada".
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Medida necesaria. García explicó su experiencia ante José Manuel Moya, el consejero responsable de seguridad del Espanyol, club al que la empresa Oxidoc (a la que el jugador presta su imagen) dotará con 12 desfibriladores de última generación en Cornellà-El Prat y dos más en Sant Adrià. "Me enorgullece que ahora sean un club protegido ante lo cardíaco", afirmó.
El Espanyol formará a 36 personas para manipular estas máquinas, que estarán siempre a disposición de los deportistas, pero también de cualquier espectador.



