La noche más triste
El Atlético firmó una noche para olvidar. Los aficionados rojiblancos se marchaban cabizbajos del Calderón y con pocas ganar de hablar. La derrota de ayer es de esas que cuesta digerir. Nada que ver con la hinchada del Albacete...


Impotencia. Cuando el árbitro pitó el final del partido, la afición del Albacete explotó de alegría. Los 2.000 aficionados del conjunto manchego festejaban por todo lo alto la hombrada en el Calderón, mientras que los aficionados del Atlético contemplaban atónitos la escena. La gente no tuvo fuerzas ni para hablar ni para hacer ningún cántico contra nadie. Hubo miradas perdidas, gestos de impotencia, algunos llantos y nadie se terminaba de creer que el Atlético no hubiera sido capaz de hacerle un gol al Albacete. Algunos aficionados sí que tuvieron ganas de aplaudir a los aficionados manchegos que celebraban la victoria con su afición en el fondo norte. Entre los compañeros de Prensa tampoco nadie articuló una palabra. Silencio. Un silencio casi sepulcral, sólo roto por el jolgorio manchego. Pocas veces se había visto esto, algo parecido a lo que sucedió en el descenso en aquella tarde fatídica de Oviedo. El de ayer, como el del Tartiere, es uno de esos partidos que la afición nunca olvidará.
Festejos. En los siguientes minutos ya sí sucedió lo que todos pensaban que iba a pasar. Una vez que la gente despertó del mal sueño y se quitó esa anestesia de encima, entonces sí, hubo gritos contra todos, contra los jugadores, contra el técnico, contra el palco... En la sala de Prensa del Calderón se oían las alegrías de los futbolistas del Albacete y también las voces de la afición rojiblanca criticando a los dirigentes en las puertas de la zona noble del estadio. Entonces ya todos eran conscientes de que el Atlético había hecho uno de los mayores ridículos que se le recuerdan. No será fácil hoy explicarle a los hijos, a los amigos, a los más allegados las razones por las que este club no pudo contra un equipo de Segunda División B. El Atlético quería llegar lejos en la Copa, pero en el sorteo del viernes los rojiblancos ya no estarán para bochorno y vergüenza de su afición.
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Incapacidad. En la previa del partido ya dije que me daba mucho miedo este encuentro. Mucho porque el Atlético ahora mismo no está para nada. Cuando un equipo se encuentra así está a merced de todo: del rival, de la suerte, de la propia impotencia... El conjunto de Manzano pudo lograr el empate antes del descanso, pero no acertó en ninguna de las múltiples ocasiones que tuvo. Ahí se le fue al equipo madrileño la posibilidad de eliminar al Albacete. También ayudó la lesión de Diego, el único rojiblanco en el primer tiempo, con criterio a la hora de jugar el balón y con ideas claras para intentar equilibrar el partido.
La Navidad. Pocas horas antes del partido el club madrileño ofreció la tradicional comida de Navidad a los medios de comunicación. Cerezo estuvo alegre y dicharachero con todo el mundo. El presidente del Atlético es de los que le pone al mal tiempo buena cara, pero seguro que la derrota también ha colmado el vaso de la paciencia del dirigente. En la comida hubo ambiente navideño y el presidente felicitó las fiestas a todos los presentes. Poco después a Cerezo le volvió a tocar la parte más amarga y más dura del fútbol. El presidente y el resto de dirigentes destituirán en las próximas horas a Manzano y comenzará la etapa de Simeone en el Atlético. La Navidad suele ser tiempo de paz en casi todos los lugares, pero en el Atlético, una temporada más, no será así. Los aficionados rojiblancos vivirán una Navidad de las más duras que se recuerdan.



