Santos 0 - Barcelona 4 | La contracrónica

Los Santos inocentes

"Esos locos bajitos", dijo Alfredo Relaño. Y alguien le replicó: "Juegan contra los santos inocentes". Terció otro: "Juegan como si soñaran que juegan". Y un último, desde Uruguay, la cuna del fútbol, envió este sms: "Es el mejor fútbol que he visto".

Los Santos inocentes
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Jugar soñando. El Santos fue, ante el Barça, un equipo inocente que no sabía que el perfume de los azulgrana se vende caro y sólo en La Masia. Los de Pep estaban ayer hechos por su mano (la de su tradición), menos Abidal, el talismán que juega en las finales y siempre, y menos Alves, ese trotamundos que ha hecho de la alegría el repuesto pulmonar. Ante ese bagaje el Santos sólo pudo imponer inocencia, perplejidad, memoria del fútbol que creyeron que estaba de su parte. El fútbol brasileño, la exquisitez, la calidad, el señorío que lograron Pelé y Garrincha, se trasladó de bando y habita ahora en Barcelona. En Japón, ese fútbol de los jóvenes culés era como aquel fútbol legendario. ¿Qué pasó? El fútbol es global y local a la vez; si no existiera La Masia estos locos bajitos no jugarían como si estuvieran soñando que juegan.

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La batalla desigual. Messi es "de otro mundo", como me decía la periodista brasileña Sylvia Colombo, que es del Corinthians. Pero en el mundo de Messi está en este mundo. Dentro de ese fútbol que se hace como soñando, el que practica el rosarino es cada vez más realista, pero cada vez más responsable, también, de los inventos que ha patentado. Valdano decía anteayer en Carrusel Deportivo que "siempre te hace lo mismo, pero te lo hace". Es como las Variaciones Goldberg del fútbol: va por el campo interpretando una misma melodía pero la emite en una longitud de onda que agarra despistados a los otros. Él dispone, en su mente, de una misteriosa décima de segundo más, y por ella se cuela para desesperación de los contrincantes y para regocijo de sus compañeros. Pues con Messi te tienes que dar por fastidiado en cuanto él decide que se acabó la diversión y empezó en serio su baile con la suerte. En esas condiciones, la esperanza de Neymar de plantarle batalla era una ilusión. Iba a ser una batalla, pero nadie imaginaba que fuera tan desigual.

Campeones del mundo.Es mucho título y, sin embargo, tan justo para el esfuerzo de Pep. Él ha convertido el fútbol en un laboratorio sencillo en el que jugadores bajitos se pusieron en serio a trabajar como si estuvieran aún en el patio del colegio. Seriamente, pero para disfrutar. Entre ellos han despuntado magisterios de rara perfección, Xavi e Iniesta. ¿Y Alves? Los brasileños no se creían que ese compatriota (capaz de entregar la pelota en mano, ayer, después de hacerles falta) era el que otras veces corre para nada. Echamos de menos a Villa. Se merecía esta fiesta. Volverá a correr con estos locos bajitos que ayer demolieron a los Santos inocentes.

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