Tokio: paraíso madridista contra la marea blaugrana
Un restaurante es el templo blanco en la capital nipona.


Parece que todo Japón está ocupado por las legiones blaugrana. ¿Todo? ¡No! Un reducto resiste al invasor alzando la bandera blanca, no la de capitulación, si no la del Real Madrid. La 'aldea gala' que resiste como buenamente puede tiene su cuartel general en el restaurante Madrid, en el distrito Shibuya (concretamente, Dogenzaka 1-11-3) un barrio de moda repleto de restaurantes y centros comerciales.
Japón, que estos días vibra con el Barcelona, tiene en el restaurante Madrid un templo gastronómico a base de tapas, paellas y gambas al ajillo en el que se puede comer rodeado de banderas y bufandas del Real Madrid, contemplar fotos de Zidane, beberse un vino etiquetado con la foto de Raúl y ser atendido por un personal, totalmente autóctono, ataviados con la Roja.
Lo que no hay es ni una referencia al Barcelona. ¿El motivo? Que la dueña del establecimiento es más madridista que Tomás Roncero, al cual un día esperan poder saludar personalmente. Se llama Eniko Miuchi, una japonesa que hace más de 20 años se fue a vivir a Madrid, se enamoró de la ciudad, de su gastronomía y se apuntó a todos los cursos de cocina posible. Una vez aprendió a cortar jamón, a que no se le pasara el arroz de la paella y a conocer el secreto del pimentón en el pulpo a feira, regresó a Tokio y montó el restaurante Madrid.
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Siempre Raúl. Durante su estancia, además de hacerse fanática de la gastronomía española, se hizo fanática del Real Madrid y eso explica la decoración del local, en la que Raúl tiene lugar destacado y en la que, por el mismo motivo, brilla por su ausencia cualquier referencia al Barcelona, que estos días parece un equipo japonés más.
Explican los camareros del restaurante que la clientela del mismo es básicamente japonesa y que lo que más les gusta es la paella y las gambas al ajillo, amén de los cursos de beber en bota que llevan por nombre 'Borrachos Olé' en la que el vino español corre como si fueran las fiestas patronales de cualquier localidad española. Aseguran que los alumnos del curso acaban la clase dignamente, sin cantar 'Asturias patria querida' ni, por supuesto, hacerse del Barça.



