Kanouté en la niebla
El maliense resuelve una noche espesa en Lepe


Fiable en estas proto-eliminatorias de Copa, donde lleva tiempo sin disgustar a su gente, el Sevilla hizo lo justo para llevarse la victoria en una noche de neblina y lluvia fina en Lepe. Allí le esperaba Tevenet, viejo sevillista de base y segundo entrenador de Álvarez en la noche mágica de Barcelona, la de la sexta Copa de su historia. Tevenet, que sabe bien lo que aprecian la competición en Nervión, tiene en sus manos al San Roque de los británicos, un equipo de buenas formas que salió organizado y fogoso como era previsible, pero que recibió pronto un revés duro para su moral, el partido y la eliminatoria. En el minuto once, cuando los aurinegros todavía tenían fuego y gasolina en las piernas, Armenteros se coló por el carril del diez y disparó raso. Kanouté, perro viejo, olió que ese balón, rodando por un césped mojadísimo, tenía veneno. José Ramón no lo atrapó y el malí hizo su gol número 133 en el Sevilla. No fue en una final, pero ese también es el valor real de un futbolista que se ha ganado palmo a palmo su leyenda.
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El Sevilla le da a la Copa la solemnidad que merece. En Isla Antilla, como si fuera el Camp Nou, toda la cúpula del club vivió concentrada con el equipo las horas previas al partido. Lo comprendió Marcelino, que se lo tomó muy en serio y mezcló titulares, suplentes y minutos en un campo estrechísimo que incomodó al Sevilla, exigido por la presión del San Roque. El gol de Kanouté permitió al Sevilla controlar con cierta solvencia el partido. A Varas, suplente de Palop, sólo se le vio en el minuto 41 para hacer una buena y difícil parada a Rubio. Marcelino siguió de probaturas con el mejorable 4-3-3. De las novedades gustó Luna, serio y con criterio en las subidas. Campaña aún está tierno y Armenteros no completa un partido redondo aunque, eso sí, además de originar la jugada del gol disparó al palo.
Para el Sevilla, casi seguro ganador de la eliminatoria, la segunda parte fue más sencilla porque el San Roque se quedó sin fuerzas. Y ahí apareció Navas, en una ligera crisis de confianza y brillantez que compensa con una constancia que hay que agradecerle. Él mando en la segunda parte. Negredo, sustituto de Kanouté (ojo a la opción del 4-4-2 ante el Madrid), tampoco se borró y persiguió el gol en los centros de Jesús. Sin suerte. Como a Trochowski, que lo rozó de nuevo pero sigue negado con sus misiles. El autobús del Sevilla, con toda su cúpula a bordo, se perdió en la neblina de Lepe con la sensación del deber cumplido pero con una certeza porque aquí nadie se engaña. Llega el Madrid y la imagen fantasmal del 2-6. Si Guardiola dijo que el Barcelona necesitaba el partido perfecto para ganar en el Bernabéu, a Marcelino le van a faltar horas de sueño para presentar batalla real al ejército de Mou.



