Sabas

"El Vaquerito de Vallecas pasó a revulsivo del Atleti"

El delantero de Leganés ponía en pie a Vallecas con jugadas inverosímiles y eléctricas que encendían a la grada y que le valieron el traspaso al Atlético. En el Calderón vivió cuatro años intensos levantando dos Copas del Rey.

Sabas.
Jorge García Hernández
Jorge García Hernández (Palma de Mallorca, 1978) es redactor jefe de Fútbol. Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, es canterano del Diario As, donde entró en 2001. Fútbol base y Cierre como antesala a 15 temporadas siguiendo al Atlético de Madrid. Después, AS.com y Fútbol internacional.
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Un Atlético-Rayo le traerá grandes recuerdos.

El primero en la 89-90 en un Rayo-Atleti. Yo debutaba ese año en Primera con 21 años. El partido acabó 4-4, pero Felines, el técnico, me echó la bronca. El árbitro pitó un penalti de Ferreira sobre mí y después reconocí a los periodistas que no había sido. "¡No te van a pitar ninguno más!", me dijo. Yo era aún muy inocente.

¿Cómo llegó al Rayo?

Yo no me eduqué en una cantera de un gran club. Salí de mi barrio y fui jugando en equipos de Castilla La Mancha. Después me fichó el Pegaso y allí exploté. Más de 40 goles en dos temporadas y el Rayo se fijó en mí para jugar en Segunda

Y no fue así. El Rayo acabó la 88-89 ascendiendo.

Sí, fue un cambio brutal, de Segunda B a Primera. Aún recuerdo el partido de presentación ante el Nacional de Montevideo. Marqué y después me fui con mi padre a un bar al lado del campo. "¡El Sabas éste va a ser bueno!" decían en la tertulia. Yo estaba allí, pero no me conocían físicamente, así que me sentí muy orgulloso. Y con mi padre escuchándolo

Y rápidamente pasó a ser el Vaquerito de Vallecas.

Me lo puso Gaspar Rosety. "¡El más rápido del oeste vallecano!", decía. Creo que continué un estilo, quizá iniciado por Felines, de jugadores bajitos y habilidosos. Luego llegó Pedro Riesco, Onésimo... Ese tipo de jugadores siempre conectó con la grada de Vallecas.

Ya antes de acabar la temporada 89-90, la única en el Rayo, se daba por hecho que jugaría en el Atlético.

Sí, fue un sabor agridulce. Todo el mundo sabía que mi familia era colchonera. Pero el Rayo bajó. Fue un palo, pero el cariño que aún me profesan allí es mutuo. El Rayo fue mi niñez y el Atlético mi juventud.

El Calderón le recuerda aún como la chispa de los partidos. ¿Para usted es así?

Sí. Normalmente actuaba en las segundas partes. Futre y Manolo estaban por delante y yo tenía mi papel.

Cuando salía a calentar la grada comenzaba a murmurar. ¿Se daba cuenta?

Claro. Pasé de ser el Vaquerito de Vallecas al revulsivo del Atlético. Cuando salía empezaba el runrún en la grada. Les encantaba y a mí también. Era un especialista al que se recurría cuando las cosas no iban bien. Me tenían cariño.

Y por la Copa que les dio en el 91 ante el Mallorca

El gol fue de Alfredo, que es como mi hermano, pero la jugada fue mía. Me marché por la derecha y lancé. Ezaki, el portero, despejó y Alfredo estuvo listo. En la del año siguiente en el Bernabéu no jugué, pero significa un placer máximo ganarle al eterno rival la Copa.

Usted formó parte del cuerpo técnico de Abel en el Atleti en 2008 y cuentan que su papel fue vital para levantar el vestuario. ¿Más revulsivo?

Estoy muy orgulloso de haber colaborado en ese ciclo, la última vez que el equipo se ha clasificado para jugar la Champions. Yo trato siempre de ser el nexo entre el técnico y los jugadores. Hubo buena sintonía y eso me alegra.

El Rayo actual ha vuelto a Primera con paso firme. ¿Le ve sólido?

Sí, es el claro ejemplo de que con poco dinero se puede hacer un equipo competitivo. Es atrevido e ilusiona.

¿Y el Atlético es de nuevo una montaña rusa?

Esta temporada ha vivido distintos periodos, en alguno ha hecho un gran fútbol. Se fueron grandes futbolistas, pero se ha hecho un desembolso para traer otros que a mí me dan todas las garantías.

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Del resultado de hoy...

Es como preguntarme a qué hijo quiero más.

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