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La gravedad de la crisis acecha el futuro de Aguirre

Las jornadas pasan sin que el Zaragoza ponga freno a su caída libre: ha sumado un punto de 18 y es penúltimo. La gravedad de la situación afecta ya de lleno a la figura de Aguirre, que no encuentra soluciones. Las críticas se hacen generales en el entorno y florecen en el club y en el vestuario. El futuro del técnico no tiene frontera aún, pero en la 'Era Agapito' lo más impensado ocurre.

<b>PREOCUPADO. </b>Javier Aguirre, ayer durante el entrenamiento en la Ciudad Deportiva.
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Lo que comenzó como una recesión de juego y resultados, la semana más desafortunada de Aguirre en el banquillo de La Romareda, se ha agravado de tal forma que constituye una crisis en toda la extensión de la palabra. El Zaragoza no sólo ha perdido cualquier virtud colectiva, al margen del coraje, sino que también ha convertido los puntos en un extraño: uno de los últimos 18. El efecto en la clasificación es, lógicamente, una caída libre: el Zaragoza es penúltimo. Y estos datos desgastan siempre de tal forma la figura del entrenador que Aguirre está ahora en el alero.

Las voces críticas hacia el Vasco florecen tanto dentro como fuera. Dentro, tanto en el vestuario como en los despachos, aunque no se manifiesten públicamente. Como el propio Aguirre afirmó tras la derrota ante el Sevilla, "ahí están los números, no se puede defender lo indefendible. Es normal que los entrenadores que no ganamos estemos cuestionados por el entorno".

Y fuera, el aura que ganó la temporada pasada se ha apagado. Aguirre no encuentra soluciones al derrumbe del equipo. Sus cambios en la táctica y en los futbolistas son escasísimos, así que el Zaragoza emana más impotencia cada semana y ha convertido el coraje en su única estrategia, una palpable muestra de su incapacidad con la pelota. Así, la prensa y la afición son cada día más críticas.

Aguirre almorzó ayer con Antonio Prieto y Luis Carlos Cuartero en un conocido restaurante de Zaragoza, una reunión motivada por una apuesta personal que los dos dirigentes debían saldar con el entrenador. El encuentro no tuvo un carácter excepcional desde el punto de vista institucional, es decir, no hubo contenido técnico sobre la situación del equipo o toque de atención respecto al futuro del entrenador. Por eso tuvo lugar en un escenario público.

Precedentes.

Aunque Aguirre no está en una situación crítica (no ha recibido ultimátum ni parece que su continuidad dependa de un buen resultado el próximo domingo en Granada), los precedentes de Agapito Iglesias con sus entrenadores y la pésima racha que arrastra el Zaragoza dejan abierta cualquier posibilidad. En la Era Agapito, lo más impensado ha llegado a suceder.

Todos los idilios del empresario soriano con sus entrenadores han sido fugaces: ninguno ha durado más de un año y medio. El más longevo fue Víctor Fernández, su bandera inicial, que terminó destituido al final de la primera vuelta de su segunda temporada (07-08) con el equipo en 13ª posición, tras nueve partidos sin ganar. A continuación, Garitano e Irureta dimitieron y Villanova fue relevado por Marcelino al descender a Segunda.

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Pero el romance de Agapito y Marcelino se volvió aún más tortuoso que el inicial con Víctor. En su caso, la destitución sobrevino tras cinco partidos sin ganar (un punto de 15) y la caída a la zona de descenso. Gay también fue despedido con el equipo en puesto de Segunda, después de una victoria en 11 jornadas.

¿Hasta cuándo durará ahora la paciencia del presidente? Cualquier previsión puede ser aventurada en la Era Agapito, donde la inestabilidad es una seña de identidad. Aguirre se asoma al alero, pero Granada no parece la frontera. Su elevado sueldo (1,3 millones netos anuales) se antoja un gran freno para su destitución.

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