Liga BBVA | Betis 2 - Real Sociedad 3

Un Betis con cara de tonto

Íñigo decide en el descuento y desde 53 metros. Antes, los de Mel habían empatado un 0-2. Sólo un punto de 27, pero el entrenador sigue, de momento

<b>NO TUVO SU DÍA. </b>Santa Cruz estuvo deslucido.
José A. Espina
Jefe de Sección en la Delegación de Andalucía
Jefe de Sección de Diario AS en Andalucía. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Sevilla. Pegando teclazos desde 1998, durante toda una década en Madrid (2000-2010). Sevilla, Betis, Selección española y lo que se ponga por delante. Loco por el fútbol, guarda un poco de esa pasión para su otro deporte favorito, el tenis.
Actualizado a

G esto helado, sonrisa torcida... Cara de tonto, definió a la perfección ese filósofo del balón llamado Luis Aragonés. Así se quedaron los algo más de 30.000 béticos que permanecían en Heliópolis cuando Iñigo Martínez martilleó con máxima e inopinada crueldad, mediante un lanzamiento desde su casa, el alma de un Betis que a segundos del final saboreaba la alegría de haber empatado un 0-2 y soñaba incluso con remontarlo... Pero se encontró con el 2-3. Mel se acerca un poco más a la destitución que aún no ha llegado. Montanier, mientras tanto, salva su cabeza in extremis.

Quid pro quo. El entrenador francés había rescatado a Íñigo de las catacumbas de Zubieta, del filial a la internacionalidad Sub-21 en apenas tres meses. Un suspiro en lo que se prevé una larga carrera. Y en un suspiro de partido, el último, el prometedor central zurdo txuri-urdin salvó la cabeza de su entrenador de la manera más rocambolesca posible con un (otro) gol desde su casa, 53 metros de pepinazo. Hay quien busca la culpabilidad en portero bético, Casto, pero no la tuvo como no la había tenido en su día Gorka Iraizoz.

Sí, aunque llegó por los pelos, la increíble jugada que decidió el partido y la suerte (de momento) de Montanier no surgió de la casualidad porque Iñigo ya había bombardeado con otro misil al eterno rival de la Real, el Athletic, aunque aquel no tuviese ni un pedacito de esta trascendencia. Nadie como el Betis, un club especial y especializado endémicamente en resucitar muertos, para sufrir ese final tan desgraciado. Tristeza con la que coronar esa dinámica de ocho derrotas y un empate que acumulan ya los verdiblancos, aunque ayer pusieran fin al menos a más de 500 minutos sin perforar la meta contraria. Cuesta demasiado el gol bético, sobre todo porque para llegar a él se sigue jugando a la ruleta rusa, cada vez con más balas en el tambor. Atrás, el equipo de Mel sufre mucho, sufrió ayer lo indecible y raro fue que la Real no hubiera hecho gol en la primera parte, pues Griezmann había ejecutado uno de los peores penaltis que se le recuerdan al fútbol profesional. Lo lanzó flojito y muy desviado, a casi dos metros del poste.

Penalti fallado, pero...

Bien que se redimió el joven galo, el mejor nada más salir del vestuario, ayudado por el veloz Vela. Por momentos, los zagueros béticos corrían como pollos sin cabeza detrás de los delanteros blanquiazules. Merecían el gol los visitantes a la contra pero éste llegó en un córner, cabeceado a la escuadra por Aguirretxe, toro en el área. Con el Betis tambaleándose, la Real percutió (balón al larguero incluido) hasta que el enésimo malentendido entre Chica y Ustaritz dejaba a Vela ante Casto, a huevo para hacer un 0-2 que sonaba a sentencia.

Antes de ese tanto, los de Mel habían llegado al área contraria habitualmente pero casi sin daño: insistentes hasta la desesperación en entrar por el centro. Apenas se contaban entre sus ocasiones un chut de Pozuelo desde la frontal (el canterano se salva, así como la presión de Iriney y los pases del recuperado Salva) y dos remates sin acabar porque a Santa Cruz le sigue fallando el físico. Y todo, en una discreta primera mitad donde se añoró de nuevo a Rubén Castro. ¿Quién conoce al canario? Incapaz de adelantarse en un desmarque, ni en un remate, ni siquiera contra defensas tan blanditas como la de esta Real. Así que, con todo perdido, Mel tocó a rebato para colocar a cinco delanteros, con Ezequiel, Molina y Pereira sobre el campo.

Y el menudo gallego casi cumple con lo que ha predicado durante su ostracismo: que con él no se perdía. En un momento, dos goles de cazador, tras sendos enredos de una Real aculada en tablas, culpa de Montanier, que metió a Demidov como quinto defensa. Terreno cuesta abajo para un Betis que olía a terminar la remontada hasta para los pesimistas, pero al que Íñigo recordó las trece barras mientras la grada se helaba en el canto, 'Pepe Mel', 'Pepe Mel'. Quizá, la última vez que lo haga.

Noticias relacionadas

El detalle: La ensaladera de la Davis, en Heliópolis

Antes del encuentro se mostró sobre el césped el trofeo de campeón de la Copa Davis, cuya final se disputa en Sevilla el próximo fin de semana. Hubo intercambio de camisetas entre el presidente de la Federación Española de Tenis, José Luis Escañuela, y el del Betis, Miguel Guillén.

Te recomendamos en Más Fútbol

Productos recomendados