Liga BBVA | Espanyol 1 - Osasuna 2

Bodas de Oro, banquete rojillo

El Espanyol se flagela en un primer tiempo tedioso. Héctor cede el 0-1 y sentencia Nekounam. Ni la reacción ni el gol de Álvaro bastan. Weiss, el mejor

<b>GOLEADORES. </b>Nekounam y Álvaro pelean por el balón.
Iván Molero
Redacción de AS
Llegó al Diario AS como estudiante en prácticas en 2002, y desde que se licenció en Periodismo por Blanquerna, de la Universitat Ramon Llull, se ha especializado en la información del Espanyol, sobre el que también ha co-escrito libros, todo ello atendiendo al seguimiento de otros equipos, deportes y eventos desde la delegación de Barcelona.
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Anque esperemos que se trate sólo de altibajos, la magia de Cornellà-El Prat parece desvanecerse por momentos. También la épica y cualquier ínfula europea. E incluso el tópico de que segundas partes nunca fueron buenas: de hecho, últimamente, son esos segundos 45 minutos los que salvan o cuando menos maquillan con almizcle los partidos pericos. Cumplía el Espanyol 50 partidos en el estadio, otrora fortaleza, y lo que se intuía como Bodas de Plata casi se convierte en Bodas de Sangre. No iba desencaminado García Lorca si desarrollamos la versión futbolística del concepto, pues sí fue un banquete rojillo.

Sacó una victoria Osasuna, el manjar más preciado del fútbol (y la primera que logran desde mayo a domicilio) con dos goles en apenas tres remates a puerta. Alta efectividad, todo lo contrario que un Espanyol extrañamente desganado en la primera mitad y que llegó tarde cuando le entró hambre y quiso comerse el mundo. Y eso que la ayuna comienza a hacer mella en el equipo: ha sumado dos puntos de los 12 últimos y sólo dos goles a favor, ambos de Álvaro, quizá la única noticia positiva que llevarse a la boca junto a la confirmación de que Weiss tiene mucho arte que aportar a la causa blanquiazul. Un buen camarero al servicio del gol, ese bien tan preciado (y anhelado) como el comer.

Dos factores resultaron determinantes para explicar la derrota. El primero ya lo hemos mencionado: la pegada. No es novedad para el Espanyol, que ya venía de quedarse a cero ante Villarreal y Real Sociedad. La consecuencia de ello es que cualquier error se paga muy caro, y remontar un 0-2 se convierte en un abismo casi imposible de trazar (el Espanyol no marca tres o más goles en Liga desde el 26 de febrero, 4-1 ante la Real). Y ahí entra el segundo elemento decisivo: el trescuartismo. Osasuna ahogó a los pericos en la primera mitad con una presión tremenda en esa zona del campo, en la que Héctor Moreno perdió un balón que desembocó en el 0-1: lo recogió Raúl García, sirvió un pase en profundidad para Lamah y éste se zafó de los defensas para batir casi a placer. También así, en este caso con un balón suelto, llegó el segundo: un trallazo imparable de Nekounam desde el balcón del área, al que Cristian acertó a tocar sin mayor suerte. Casi sin percatarse, el Espanyol había recibido en 49 minutos (o en seis, pues los tantos fueron en el 43' y el 49') los mismos goles que en las seis jornadas anteriores juntas. De hecho, la apatía fue el denominador común de los blanquiazules hasta recibir el 0-2.

Metamorfosis tardía.

Lo curioso del caso es que ese conformismo imperante con el 0-0 inicial se volvió reacción en cuanto el marcador era casi irremontable para cualquier mortal. Acaso se contagió el Espanyol de la electricidad que desprendía Weiss en cada una de sus acciones: por banda derecha, banda izquierda, en desbordes, diagonales.... Y pronto llegó el gol que avivaba las esperanzas, fruto de la buena conexión entre Verdú y Álvaro, y también de la dubitativa salida del meta Andrés Fernández. Poco que reprocharle tendrán los rojillos, pues un cuarto de hora después desvió a córner un chut de Weiss que perfectamente pudo convertirse en el 2-2.

Pero resultó un espejismo, lo mismo que la idea de anotar a día de hoy más de un gol en el mismo partido. Aunque marcó, a Álvaro le pesa demasiado la ansiedad por tener que hacerse cargo prácticamente en solitario de esa tarea. Excesivo equipaje para la maleta de un joven de 20 años. Tampoco se puede reclamar lo mismo a un equipo con Javi Márquez y Sergio García que otro sin ellos. Lo único reprochable es que, a sabiendas de esa sequía, no está permitido conceder ni un fallo atrás. El argumento de la efectividad rival contra la voluntad propia se puede aplicar (como sucedió) ante el Real Madrid, pero no ante Osasuna, que lo apostó todo al rojillo de sus tres remates... Y asaltó la banca.

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